Niños telépatas

Telepatía del alma

La telepatía de un niño espiritual es muy diferente a la telepatía que conocemos. Es una telepatía sincera, transparente y basada en la comunicación a través del corazón.

Los niños espirituales sienten al otro como un hermano, como parte de uno mismo, lo aman, lo aceptan como es y lo animan a crecer desde el interior.

Esta es la telepatía de la que ellos hablan. Se presenta clara y sincera, no hay posibilidad de trama alguna y toda la experiencia y el mensaje recibido proviene del alma, del corazón.

Tampoco es necesario conocer a la persona para comunicarse con ella, solo ser un hermano de Luz o aceptarlo como tal.

La describirán como estar con la persona, en otro lugar de la imaginación, donde habitan todo lo que cada uno siente importante o valioso, y desde allí, construir una realidad, manejarla o cambiarla. Es un lugar al que pueden acceder a menudo y se trata de un espacio del alma.

En ese lugar se encuentran a aquellos que aman, a sus amigos o sus hermanos y con ellos se comunican abiertamente.

A veces intentan hablar todo por la mente, porque sienten que no hay secretos, que todo lo que digan puede ser escuchado y entendido. No tienen tanto ruido mental como lo que nosotros podemos conocer, así escuchan con facilidad el pensamiento ajeno y suelen mantener callados.

 Trabajar con niños telépatas

Los niños telépatas suelen ser incómodos de tratar porque mantienen la boca cerrada y buscan siempre ser escuchados y entendidos desde el alma.

Además, en la mayoría de las ocasiones reconocen todos los “secretos” de otras personas, por lo que muchos adultos se sienten intimidados por ellos. Los egregores que acompañan a ciertos adultos se suelen enfurecer porque les captan y hacen que desconfíen del adulto en cuestión.

El trabajo no debería consistir en potenciar la cualidad, pues esto es innecesario a no ser que el adulto busque aprender del niño, sino en potenciar que crezca desde el corazón, la aceptación y el amor a sus hermanos. Solo así, el niño podrá controlar lo que le ocurre.

A veces estos niños se cansan de llamar mentalmente a las personas, o de expresar internamente lo que quieren decir, poco a poco se olvidan de que existe esta forma de comunicación y pueden cerrarse a mantener conversaciones a través del corazón o negar que se pueda. Para subsanar este problema, lo que se debe hacer es pedirles que viajen en el tiempo y el espacio, que logran encontrarse con sus amigos del alma, aquellos que aunque viven lejos, son como ellos.

Niños que recuerdan quienes son

Quienes somos

Durante mucho tiempo, la historia ha trabajado duro para ocultar quienes somos, pero hoy, ahora, aparecen niños que lo recuerdan, recuerdan quienes son, lo dicen abiertamente, lo comparten, lo viven como algo sagrado en su interior.

Las personas no somos almas que habitamos la tierra únicamente, ni almas que repetimos vidas en el planeta tierra.

Somos viajeros.

Todos venimos de lejos, de las estrellas. Algunos nacen en planetas recónditos, pequeños, otros enormes galaxias, algunos son pequeños habitantes de los grandes soles y estrellas, otros sin más viajeros intrépidos que buscan aventuras desde su ser. Las personas somos la conciencia dormida de una pequeña parte de un Ser Celeste que nació, creció y vivió en todo el Universo y no únicamente en el planeta Tierra.

No daré aquí más detalles sobre esto, simplemente lo expongo.

El recuerdo del Ser

Los niños que recuerdan quienes son pueden hablar de que su hogar, o de donde ellos son, es un planeta diferente, que no hay árboles o que son de un Sol.

Cuando dibujen su planeta de origen pueden dibujar varios soles y a veces muchos delfines, no habrá diferencia, pues siempre se trata de niños de Luz con recuerdos conscientes. No son recuerdos falsos, aunque a veces puedan estar desligados a lo que la ciencia cree real, son recuerdos de otros planos donde la materia, la vida, la energía, todo es diferente a lo que conocemos.

A veces no hay casas en esos lugares pero los niños dibujan grandes edificios robotizados, claramente la imaginación y lo que conocen de esta vida está mezclándose con lo que reconocen, y poco a poco, con el tiempo, es posible que recuerden con más detalle quiénes son.

El recordar el Ser Celeste es una forma de tener conciencia de la hormiguita que somos en la Tierra y de la hermosa unión que siempre existe con Dios y con todo lo que es. No son importantes los recuerdos en sí, salvo algunas excepciones, sino el amor y el cariño que esos recuerdos inspiran.

Un viaje a casa

Para los adultos con curiosidad propongo que realicen un viaje a su verdadero Hogar, a su planeta o allí, al lugar donde sientan que provienen. No será un viaje largo en el tiempo, sino breve, silencioso y tranquilo.

Respira profundo y permite que todo quede a un lado de este momento. Abandona toda expectativa de tu mente, toda curiosidad egoísta y céntrate en el niño que juega en tu corazón, en la libertad de ser, en el Espacio.

Estamos así en el Espacio, es un lugar grande, inmenso, y sientes el silencio como algo sonoro, profundo, algo que ahuyenta todo lo que puedas pensar o creer, solo sientes que eres. Ves los planetas pequeños, las estrellas pequeñas, y todo eso ES, Dios está ahí, sientes esencia, sientes luz, inmensidad.

Pide al cielo que te transporte a tu verdadero hogar y al instante estarás cruzando el Espacio estelar. Rápidamente. Como una estrella fugaz.

Ya estas allí.

Es posible que primero veas una gran luz blanca o nada, simplemente siente el lugar, siente comodidad, descanso, acogida.

Despeja esa gran luz que ves y descubre ese lugar, siente: ¿cómo es? ¿hay árboles? ¿fuego? ¿llamaradas? ¿hay agua? ¿ballenas o delfines? ¿hay soles? ¿Cómo son algunos detalles, los que más te llaman la atención? ¿cómo es la vegetación en caso de que la haya? ¿cómo es la tierra? ¿roja? ¿negra? ¿blanca? Todo es posible pues el infinito Universo es precioso, amplio, increíble, no hay dos lugares iguales. Habrá semejanzas, pero no dos lugares idénticos.

Ahora, fíjate si te han venido a recibir ¿cómo son esos seres? ¿les conoces? Si te hablan ¿qué te dicen?

Trasmíteles tu mensaje de amor y agradéceles este momento.

Poco a poco regresa, vuelve poco a poco a tu cuerpo, con el sentimiento de gratitud y los recuerdos vivos y presentes.

Dibuja y describe ahora en lo posible la experiencia que has tenido.

Trabajar con niños que recuerdan quienes son

Existe un dicho interesante a tener muy en cuenta por todas las personas que trabajen con niños con cualidades especiales: La curiosidad mató al gato.

Esto significa que es mejor no preguntarles, no insistir en saber más allá de lo que ellos dicen. El buscar cierta información puede ser un llamado, no a la sabiduría celeste, sino al orgullo.

Permitid que sean los propios niños quienes se expresen cuando así lo sientan, que reciban información en su momento preciso y que no la busquen creyendo que las respuestas son la clave del crecimiento, pues no es así, para ser sinceros, las respuestas solo son maneras de entretener la mente, es el amor el único camino que conduce al despertar.

Niños que ven fallecidos

La muerte

Una de las cosas que más asusta a un padre o un adulto es un niño que diga ver y hablar con difuntos. Por ello dedico aquí un apartado especial que aunque breve puede ayudar a entender qué ocurre en estos planos.

Las personas tenemos diferentes cuerpos sutiles, no sólo un cuerpo físico y un alma, como bien sabemos, también tenemos el cuerpo astral, mental, causal, etérico, etc. Ocurre que no siempre fallecen todos los cuerpos a la vez ni todas las partes de uno mismo.

La muerte es un proceso lento y lleva un tiempo en los diferentes cuerpos. Un cuerpo etérico puede tardar unos 2 o 3 años en deshacerse, a veces incluso más, sobre todo si la persona recibe sanación o algún tratamiento energético para alargar su vida.

El cuerpo astral es un cuerpo muy sutil, puede fallecer en cuestión de minutos, pero a veces queda “enganchado” en experiencias internas pasar años o décadas hasta que termine de elevarse. Algunas personas incluso, cuando realizan trabajos para elevar su conciencia, pueden llegar a encontrarse con antiguos astrales de vidas pasadas que quedaron perdidos en la tierra, pero en este caso siempre se trata de personas que en aquellas vidas jugaron con la vida, la muerte y la magia para lograr eternidad o para quedarse en este plano manteniendo parte de lo que fueron, como en el caso de las momias y los faraones que buscaban eternidad.

El cuerpo emocional suele tardar unos 3 o 4 días en limpiarse y deshacerse, pero este cuerpo se agarra firmemente al cuerpo astral y etérico y no permite que la parte más consciente se desvincule de sus emociones más densas.

Entonces, cuando la persona fallece, mientras su cuerpo emocional continúe agarrado fuertemente a lo que fue, al ser de luz le costará mucho dar ese paso de vuelta al hogar y tenderá a revivir una y otra vez las mismas emociones.

Estos casos me refiero a personas adultas, a partir de 16 o 17 años, nunca antes, que han vivido fuertes traumas o han mantenido adiciones emocionales muy fuertes, como el caso de la ira, el miedo, grandes depresiones, orgullo… o que han vivido una muerte brusca, muy fuerte emocionalmente, y en último extremo, personas que a su alrededor, los parientes continúan agarrados al dolor de la separación y la culpa, avivando más sus emociones y manteniéndoles en un plano intermedio.

La despedida del alma

Lo normal y más adecuado es que la persona, justo tras fallecer, esté hasta 3 o 4 días despidiéndose de todos los lugares y personas con las que vivió. Esta despedida marca una separación, ayuda a desvincularse de todo lo que fue y permite al alma abrir las alas para elevarse al cielo.

Estos días pueden ocurrir en cualquier momento de un coma, justo tras el fallecimiento o meses y años tras la muerte, después de que la persona haya superado su tiempo viviendo entre planos.

La visión y el sentimiento de la presencias de un ser en este momento es claro, cercano y grato.

Se reconoce y se siente al instante su presencia, quién es y qué está haciendo. Se siente que esa persona está elevando sus alas, que está rodeada de presencia angélica con mucha luz, y se sabe que está despidiéndose, pero no alejándose para siempre, sino abrazándonos y agradeciendo los momentos de vida que pasamos juntos.

Esta despedida la viven los familiares y es muy probable que un niño espiritual o sensible capte estos momentos incluso antes de que se vayan a producir.

 El fallecido con miedo

En muchas ocasiones podemos encontrar a seres a medio camino con miedo o un gran trauma posterior a la muerte. A veces es por el accidente que pudo haber, otras por la despedida y en la mayoría de las ocasiones, por la vivencia que hubo los meses antes de morir. Este tiempo se hace más difícil con el trauma que pueda vivir la familia.

La persona que ha fallecido a veces no recuerda su nombre, ni su pasado, ni sabe con detalle donde está, únicamente revive la emoción, el miedo. No reconoce a las personas pues su cuerpo mental se disipa, su mente se fue, su inteligencia se fue. Sólo queda experiencia pura.

En el caso de jóvenes hasta 20 años, pocas veces permiten que este tiempo sea mayor de 2 o 3 años, pero en el caso de adultos pueden pasar hasta 20 o 30 años antes de que partan completamente de la vida humana.

La manera de percibir a estos seres es muy diversa.

Si hace sólo unos pocos meses de su fallecimiento, conservará cuerpo etérico, será una presencia densa, perceptible. Tendrá ligeros recuerdos y a veces puede incluso creer que está vivo aunque soñando o perdido.

La visión es borrosa, como una sombra, a veces colores del traje, manchas rojas, grises u otras nubes de colores que no son más que colores del cuerpo emocional que interpretamos como trajes o manchas de sangre. Sólo los primeros días tras un fallecimiento podemos ver claramente el cuerpo de la persona tal cual fue, y nunca según quedó en el accidente o en el momento de la muerte, sino como estaba el cuerpo etérico.

Veremos gris y sombras por la densidad del plano donde se mantiene la persona y rara vez veremos sus pies, señal de que su cuerpo etérico se está disolviendo poco a poco.

Cuando vemos la sombra o a la persona claramente, pero rodeada de ligeras sombras con un movimiento rápido, se nos muestra que está viviendo en planos muy densos y atrapados por miedos muy profundos, para ayudar a que parta hay que deshacer toda esa oscuridad que hay en su interior.

Rara vez estas sombras se mueven y su movimiento es lento, casi siempre acompañado por el de la persona a quien siguen. Como observando una película se quedan estáticos en el tiempo y espacio. Así permiten que las emociones, el cuerpo etérico y los pensamientos vayan disolviéndose.

Aquellos que viven en lugares donde hay silencio, pureza y tranquilidad, rápidamente realizan este trabajo, aquellos que se mantienen en lugares con tensión, miedo o desgracias, continuarán más entre planos.

La otra forma de captarlos es cuando de pronto se siente un frio energético, como la presencia de algo sin vida, con ausencia de cuerpo y materia, esto viene junto con un sentimiento emocional muy fuerte que es aquello que está sintiendo el fallecido. Casi siempre es miedo, soledad, vacío…

Muchas veces se arriman a ciertas personas con una increíbles ganas de hablar, de conversar, otras veces su miedo les conduce a un lugar cálido, una persona con un aura cálida. Pueden mantenerse durante años entre planos y todo depende de lo que ellos quieran continuar viviendo sus emociones más pesadas.

Es importante señalar a los videntes, sobre todo el caso de niños, que para nada hay que “hablar” ni avivar su miedo, sino dejar que se pasen sus emociones.

Los entes, como siempre se ha llamado a las personas que fallecen, están en un sueño, perplejos y perdidos. No debemos tenerles miedo sino simplemente ayudarles a ascender, permitirles seguir su camino trasmitiéndoles paz a su espíritu.

Ellos se quedan enganchados a las grandes auras, brillantes y amorosas, es una ley hermosa natural para permitirles avanzar en su camino, por ello es normal que los niños, con un aura muy pura, les vean, les distingan y les sientan cerca, aquellos que han fallecido drásticamente realmente necesitan esa tranquilidad y alegría que actualmente pocos adultos mantenemos.

Es propio explicar esto al niño, básicamente a partir de los 8 años esta experiencia poco a poco se disipará según el niño deje atrás su inocencia y su pureza, pero en el caso de los pequeños maestros que mantienen esa luz en sí mismos durante toda su vida, continuarán viviendo esta experiencia.

Si el niño, joven o adulto de luz, mantiene su espíritu en alegría, en paz interior, rara vez contemplará ni sentirá entes a su alrededor, pues simplemente ascenderán ante toda la presencia angélica y la paz que tiene la persona y sólo en casos extremos de gran angustia o en lugares con una gran densidad, podrán sentir presencias de difuntos.

Lugares muy densos

En lugares muy densos, como ciudades sobre planicies, con baja altitud y con mucha densidad etérica, es normal ver muchos fallecidos, atascados, quietos y esperando.

En estos casos los niños suelen describirlos como si estuviesen en filas, o en las puertas esperando, ciegos y silenciosos.

Para limpiar estos lugares es bueno participar en grupo y que no haya niños en estas sanaciones.

Otros lugares con gran densidad son aquellos donde ha habido repetidos asesinatos o muertes en masas. En algunos templos antiguos o antiguos campos de batallas. Según la vida haya cambiado o los trabajos de limpieza que se hayan realizado, puede sanarse ese lugar o no, pero es muy normal que los niños más espirituales se pongan excesivamente nerviosos en antiguos templos o lugares arqueológicos turísticos donde antiguas civilizaciones acabaron en decadencia.

  Fallecidos en sueños

Cuando los fallecidos se encuentran en los sueños, claramente están pidiendo ayuda. Se puede tratar de un ente que se enganchó a la persona y tras un tiempo a su lado pide liberación desde su ser celeste.

Rara vez se presenta el alma o ser celeste y pide a la persona que libere su parte más densa de un plano intermedio, pues esto no suele ser entendido, sin embargo sí se presenta con una fuerte densidad en el sueño para señalar que algo está ocurriendo, para pedir que actúe.

A raíz de un sueño con una entidad podemos hacer un trabajo de sanación con la familia del fallecido, un trabajo de sanación con el fallecido y tras esto, un trabajo de limpieza con la persona que ha tenido el sueño.

Cuando el fallecido que a aparecido en el sueño no parece realmente una persona que alguna vez vivió es probable que se trate de una entidad del bajo astral que se encuentra atrapada en el aura del soñante. Igual que antes realizamos una limpieza y revisamos el comportamiento personal, las actitudes y comportamientos que estamos teniendo para que una entidad se mantenga a nuestro lado y nos purificamos de todo aquello que nos ciegue el corazón o nos autoengañe.

Trabajar con niños que ven fallecidos

En un trabajo con niños o personas que ven fallecidos, lo principal es recordar a la persona a tener fe en el alma y el espíritu divino de todo lo que existe. Recordarles que todo tiene su sentido y que el fallecimiento no es eso que ven.

La muerte realmente es algo muy bello, es actualmente y en ciertas culturas que no sabemos en qué consiste la muerte, las personas tienen miedo, sienten ruptura, separación y olvido cuando hay amor, unión álmica.

Existen lugares y personas que mantienen enseñanzas de una muerte consciente, ágil. No es posible que de una cultura a otra haya una diferencia tan extrema, y es en el corazón, en la esencia del ser, donde debemos permanecer para encontrar sentido a lo que ocurre. Aquellas personas que prefieren mantener su mirada en lo efímero, es muy probable que se pierdan y no encuentren sentido a su realidad.

Un fallecido ya no es la misma persona que fue, es una parte de aquella persona, el alma, sutil y amorosa, rápidamente alza el vuelo hacia el hogar, pero las partes de la conciencia más densas y menos preparadas para morir, son las que se quedan ancladas entre planos.

A veces incluso, antes del verdadero fallecimiento, el alma ya alzó el vuelo, ya partió al hogar con la familia angélica de luz, y solo una parte pequeñísima de la conciencia y de uno mismo es la que se queda en tierra para vivir el final de la vida. No es necesario ni si quiera que se viva ese sufrimiento de la muerte pues muchas personas ni lo sienten.

Las películas, las novelas y la historia, ha cambiado el significado de la realidad, y no es el dolor o el sufrimiento lo que hace que una muerte sea dura o difícil, sino la emoción personal de aquel momento.

Niños que ven devas y elementales

Los devas y los elementales

Existen los devas y los elementales. Siempre existieron y siempre formarán parte de la vida en la Tierra. Ellos crean y confrontan el gran entramado de la realidad, son la energía vital que da aliento a la Tierra.

Verlos y sentirlos es una experiencia personal que se puede generalizar y globalizar cuando la visión ya es muy clara. Pero al principio, cada persona experimenta una visión personal, única.

Niños y devas

Los devas se reconocen como los seres angélicos del planeta. Ellos soplan la vida sobre la realidad. Pocas veces hablan a las personas más que cuando tienen un mensaje o una enseñanza.

No hay dos ángeles iguales y no se identifican más allá de tu amigo, tu ángel o tu guardián. Pocas veces dan nombres pues no los necesitan, ellos son todos Uno y están al servicio de la Luz entregándose incondicionalmente al Amor y al mensaje divino de unidad.

Los niños ven a los devas desde el nacimiento y pocos son los que recuerdan esta visión pero ya desde el primer día de vida, el ser que viene a la vida con claridad puede ver e identificar los ángeles y arcángeles que acompañan a las personas o a él o ella.

Los ven de colores, como luces o esferas de luz, grandes y pequeños, normalmente por encima de las personas, cuando estas están enfermas o arrastran algún trauma les verán a su lado. No suelen hablar, solo les sonríen en amor, abrazan y saludan mostrando toda su luz y calor.

Los niños que hablan con ángeles es porque reciben mensajes de aliento, suelen ser breves, concisos, a veces enseñanzas y casi siempre en momentos de serenidad, de claridad. Los reciben con una gran certeza y no son mensajes extravagantes sino más bien aclaraciones y palabras de alivio.

Los ángeles no mantienen conversaciones salvo rara vez, casi siempre dan su mensaje, lo más breve posible, y se ponen a un lado de la vida. Cuando un mensaje de un ángel es largo, hablo de más de 4 frases, es porque la persona lo va a transcribir o a compartir de algún modo. De otra forma no darían un mensaje pues sería información que se perdería. Tampoco dan información efímera, solo destellos de luz para el corazón.

Los niños siempre están rodeados de muchos ángeles, sobre todo hasta los 7 y 8 años, momento en que el cuerpo emocional está acabando de formarse. Esta edad es clave para trabajar con el niño la compasión, la unión y el sentimiento de hermandad. La conciencia despierta en la persona, se forma el Yo, el niño vive en creatividad, en la conciencia del alma y puede reconocer e identificarlo, y a la vez, se forman las emociones, se crea la historia, el verdadero rol que identificará a la persona durante su vida.

Niños y Elementales

Los Elementales son aquellos seres que trabajan en la formación de la vida etérica, astral y mental. Son mucho más cercanos a las personas por sus emociones, experiencias, energía…

Ciertos elementales son de una gran sutileza y muy pocas personas pueden tener contacto con ellos, otro en cambio son densos e imitan las decadencias humanas.

Los niños que se comunican con los elementales saben cuándo va a llover, se paran ante un río antes de bañarse y reconocen que en el océano hay algo mucho más grande que ballenas. Son sensibles en el bosque y sonríen ante las flores.

Niños bendecidos por los elementales

Como caso especial encontramos niños que siempre son acompañados por muchos elementales y devas. Siempre tienen hadas a su alrededor, duendes del dinero y la fortuna, siempre les acompaña la suerte, el amor, los minerales a su lado brillan más y de una forma u otra consiguen lo que desean.

Son personas con cierta alegría que puede parecer inocente, pícaros en muchos casos y amorosos y sensibles en el fondo. Necesitan de la naturaleza para vivir, el monte cuanto más alto mejor, los ríos fríos y las corrientes de agua. Necesitan caminar sobre la tierra y sentir tranquilidad y vida.

Incluso a veces pueden tener un unicornio cerca o un silfo trayendo lluvia en el momento oportuno.

Se trata de una bendición, son personas que trabajan en alimentar el planeta tierra. Con su amor, traen energía Celeste a la Tierra y son recompensados por estos seres, quienes les acompañan para que no les falte fortuna, suerte, alegría o buenas amistades.

Estos seres se pueden convertir en buena compañía en estos casos, pero aquí, se podrá comprobar cómo no hay conversación, sino revoloteo, comprensión, alegría, o silencio.

Cuando cortar la comunicación

Es posible mantener conversaciones con ciertos elementales, pero algunos, al igual que las personas, tienen adiciones emocionales y se pueden llegar a “enganchar” a la vida humana apegándose a su amigo o amiga y no permitiendo que llegue a crecer. De estos amigos hay que desenganchar a los niños.

Es importante que los niños que tienen contacto con elementales sepan que existen algunos duendes y hadas, que querrán hacerse más amigos de ellos, y tienen que permitirles y dejarles ser libres.

Los elementales tienen una labor planetaria, trabajan en la formación de la materia etérica, astral, emocional, mental… en el planeta el hombre ha dedicado sus últimos años a destruir esa materia, esas creaciones dévicas y elementales. Esto ha originado que muchos elementales pierdan su rumbo y se identifiquen con sentimientos y emociones sociales humanos. Igual que existen elementales para los bosques, también los hay para las ciudades, para las casas, el cemento tiene elementales propios y no son tan comunicativos ni hermosos como las hadas de las flores. Los bonsáis tienen su propio duende y suelen ser traicioneros y caprichosos, igual ciertas plantas de jardín manipuladas y retorcidas.

El comunicarse con unos elementales u otros cambia radicalmente para una persona. Por ello recomiendo animar al niño o la niña a que comparta esa comunicación, esas conversaciones, y a partir de los resultados de esas conversaciones o encuentros, cortar la comunicación o no.

Los niños han de aprender que cada uno tiene su lugar, su reino y su labor y hay que permitir que los duendes sigan su camino, se queden en los bosques, en el jardín de la casa, en las fuentes, en el cielo, en el océano…

Trabajar con niños que se comunican con devas y elementales

Un buen trabajo consiste en aprender a distinguir lugares energéticos, seres o personas que también tienen se comunican con elementales y devas.

El trabajo consiste en la observación, no en la comunicación. En la exploración de lugares y los seres que habitan en ellos y luego la diferenciación de unos y otros.

Luego, la lectura de leyendas y cuentos sobre elementales puede ayudar a comprender como diferentes culturas de todos los tiempos han reconocido a estos seres, los han visto, diferenciado e incluso se han comunicado con ellos.

El dibujar a estos seres, sobre todo a hadas o ángeles, ayuda a abrir las puertas del corazón al amor y la serenidad.

Trabajo avanzado

Como trabajo avanzado está el visualizar los elementales según el medio, los silfos ante las tormentas, las ondinas de los ríos u otros característicos y entablas una comunicación sencilla. Algo ingenuo y fácil como preguntar el motivo de su presencia.

Luego se puede pedir a los silfos que se alejen en caso de que no queramos una tormenta, o a los elementales del fuego que se aparten y se aflojen.

Podemos también pedir que nos muestren su lugar de descanso o que canten para nosotros en caso de que estemos trabajando con adolescentes.

El trabajo de comunicación no es recomendable hacerlo con menores de 8 años sino son niños que ya han tenido comunicación directa con estos seres y sean muy despiertos.

Niños que escuchan en el silencio

La escucha desde el corazón

Escuchar activamente el Universo, las demás personas y todos los seres, eso es escuchar en el silencio. Es un acto que requiere escuchar con el corazón, abiertamente, y experimentar la unión íntima que existe entre todo lo que ES.

Escuchar en el silencio requiere respeto, unión, compasión y amor. Se puede trabajar, aprender a reconocer esta cualidad y ayudar a otras personas con ella.

Cuando ante otra persona practicamos la escucha, estamos abriendo nuestro corazón a su experiencia, estamos

Diferenciación

Muchos Niños de Luz muestran esta característica sobre todo con animales y plantas. Parece que tienen una unión especial con ellos, que los entienden. Se puede escuchar un silencio entre ambos, un espacio de sumo respeto y conocimiento.

Estos niños cuando pasan entre los árboles, extienden sus brazos acariciando aparentemente el aura del árbol. Suelen entristecerse o ponerse serios ante las heridas y traumas del tronco y buscan el agujero del centenario roble para poder hablar al corazón del viejo árbol. No les duele cuando cortan una rama, les asusta, pero sienten profundamente los cortes grandes, las heridas, la falta de aire puro o de luz solar.

Con los pájaros a veces parece que les siguen o que les hablan y con perros y gatos pueden mostrar un comportamiento parecido.

A veces no soportan ciertos animales, porque no los entienden, puede ser el caso sobretodo de animales domésticos como los perros, los cuales durante generaciones han sido diferenciados artificialmente para crear las razas que conocemos y genéticamente a veces tienen posibilidad de entrar en psicosis o claustrofobia. Los niños sensibles pueden reconocer ese cráneo que sostiene y presiona el cerebro creando irritabilidad, tensión, a veces sumisión, a veces locura.

Ante las personas, los niños que saben escuchar el silencio, no parecen interesados. Sin embargo es porque esta cualidad no se utiliza para escuchar el ruido mental, sino para escuchar el corazón. Es irreal que el corazón esté triste o se sienta solo por lo que a veces las personas dicen, los traumas y las verdaderas heridas, en la mayoría de los casos yacen en el subconsciente, otras veces en el alma escondida.

No es necesario escuchar la mente humana, ni contemplar los actos de una persona para entrar en su corazón y abrazar a su ser. Sólo es necesaria la intención de amarla y dejar a un lado nuestras intenciones egoístas.

Trabajar con niños que saben escuchar

Lo primero es que el niño sepa que realmente el árbol, el ave, la luz, la partícula, todo tiene voz. No tiene una voz como la de un humano ni dirá nada parecido a lo que la mente pueda decir, simplemente es como un susurro, un sentimiento.

Nos podemos tumbar al lado de un árbol y sentir, y nos paramos sólo a sentir. Luego nos llegará ese silencio acompañado de un soplo interior, un sentimiento, una herida, un abrazo, un alivio… así entendemos qué nos dice el árbol.

Igual nos sentamos en el centro de un prado, y allí, ante nosotros, estará parado el duende jefe del prado, observándonos, lo podemos sentir y al sentirlo sabemos que su voz cuenta por todas las flores que allí habitan. Y nos mostrará si está enfadado porque le han pisado las flores, o porque hay pocas mariposas este año, o porque el viento sopla muy deprisa y muy frio y no es adecuado, o tal vez nos invite a reír en su inmensa alegría, a sentir su libertad.

Los niños han de saber que esto es posible, que es real, no es un juego ni una ilusión. Esto les dará confianza en sí mismos y a partir de esta confianza se puede avanzar.

Prácticas avanzadas

Igual que podemos sentir un árbol, podemos hablar con las células de una persona, observarlas y sentirlas, podemos hablar con un pelo, con una partícula, podemos entender el firmamento, su origen, su destino.

La vida es como una melodía, cada sonido, cada nota musical, tiene correlación con todo el resto. Sintiendo y escuchando el dolor o la luz o el miedo o el amor de un solo cabello de una persona, podemos comprender todos los misterios de esa persona, toda su historia, toda su melodía.

Esto puede parecer un juego, pero a nivel molecular muestra una aventura muy interesante que puede llevarnos a comprender y estudiar los desafíos de los átomos y las moléculas ¿Quiénes somos? ¿De qué estamos formados? ¿Qué se ve desde dentro de las cosas? ¿Dónde se dirige el Universo? Todas estas respuestas están en la partícula.

Por ello sería una práctica hermosa, llegar al centro, a la esencia de algo, y buscar el sentido para ese algo, buscar su energía vital y comprenderla y amarla siendo parte de Todo lo que ES.

Más allá de esto, en silencio, podemos sentir y trabajar con lo que nosotros somos, con nuestro cuerpo material, con un pensamiento nuestro, con una idea o con un sentimiento, y vernos y sentirnos en esa parte de nosotros, pues esa parte es un Todo y nosotros somos ese Todo también. Aceptarnos y amarnos es un camino para llegar a lo que de verdad somos.