Los senderos espirituales

No estamos preparados tantas veces como nos gustaría para enfrentarnos a los diferentes sinos de la vida. Despertar el ingenio, recorrer caminos desconocidos, aceptar designios e incoherencias constantes de la vida, superar la idiotez, superar los deseos que tan vanalmente juegan ese injusto papel de la avidez, ansiedad, frustración y temor, superar los aires de nuestro carácter, que como mareas se desprenden de nuestros ojos, aterrandonos y alterando nuestras acitudes en la vida, no siempre es facil elegir el siguiente paso, o si quiera saber cúando quedar callados, agazapados esperando el mejor momento, o tan sólo ser nosotros mismos, avanzar con aires de confianza… El fuego interior, la calma de las aguas de una mente sosegada y un corazón pleno, la alegría que se desprende de esos aires victoriosos que han superado toda adversidad en nuestra mente, el equilibrio en nuestra vía, no siempre es fácil saber si es el momento de continuar o mantenernos quietos. Pero tal vez tengamos algún truco, pequeño pero igualmente valioso, que nos ayude a saber si el paso que queremos dar merece la pena o no.

Del equilibrio surge la respuesta.

Todo cuanto somos es energía, y todas las energías son una sola. Es imposible recorrer una a una todas las fuentes del movimiento interior. Las energías, fuertes y suaves, frías y cálidas, activas e incativas que nos atraviesan, son infinitas y poderosas, y todas tienen un sentido, en su origen son algo, y en su final, son algo. Un oceano de sabiduría aguarda traspasando todas las corrientes que nos atraviesan, pero mares encontrados con tormentas airosas, nos aguardan en la busqueda del equilibrio de dichas energías.

Como todos somos energía, estudiar esa energía, reconocerla tan sólo, es un trabajo necesario en la vida.

Podemos intentar vivir una vida sin emociones, pero todos somos emoción, y debemos superar, comprender, escuchar nuestras emociones. Este tipo de inteligencia que emana del autocnoimiento de la emoción, porqué surge, de dónde surge y a dónde nos conduce, es clave para tener paz. Ahí tendríamos un tipo de movimiento interno necesario para comprender y lograr una vida saludable.

Podemos intentar vivir una vida sin pensamietnos, pero todos somos mente, sería imposible vivir sin pensamiento igual que sería imposible vivir sin emoción. Necesitamos nuestra mente para evolucionar, y necesitamos ejercitar y comprender, controlar y conocer nuestra mente. Cuando esto no se hace, la mente nos atormenta igual que el aire velicoso. Uno se pierde en sí mismo, se retuerce en sus pensamiento, se duele en la impotencia de vivir en un afluvio constánte de ideás, visiones, sensaciones y creencias que le atormentan y le resultan desconocidas. La persona que no conoce su mente sufre, y por ello, es un trabajo esencial en la vida: descubrir y escuchar la propia mente, conocer y apaciguar la mente viva que siempre busca ser más de lo que és, sin comprender que nunca será materia.

Podemos intentar vivir sin cuerpo, pero todos somos cuerpo. Nuestra materia reina la vida. Incluso en el mundo de los sueños, acogemos una apariencia física y nos rodeamos de un contexto físico, en el cuál nos sentimos tranquilos y equilibrados. Es doloros no conocer ni escuchar el cuerpo, comeríamos una cosa y necesitaríamos otra, cogeríamos un camino y a lo mejor necesitaríamos estar en reposo, si no escuchamos el cuerpo, no lo sabemos. El cuerpo es una guía, un mapa de lo que vivimos, y un mapa del resultado de cada paso. Nos guía y ayuda a comprender como estar en calma, como esperar. Pues la mente, sin el cuerpo como ancla, sería un velero a la deriva en un oceano agitado. El cuerpo te aisenta, te nutre de paz, y te nutre en lo esencial.

Por estas cosas, desarrollar un conocimiento básico sobre lo que somos, lo que nos forma, nuestras auténticas herramientas, es clave para vivir y sobrevivir tanto al mundo interior como al mundo exterior.

Se ha malinterpretado la forma de vida espiritual, confundiéndola como una búsqueda del más allá, de algo lejano, inaccesible, intocable, que se añora y a la vez nos aparta de lo conocido, cuando realmente, la vida espiritual es el desarrollo de lo más cercano, lo conocido, lo que permanece y se mantiene incluso más allá de la vida.

La búsqueda de la mente, el cuerpo y las emociones en equilibrio. La búsqueda y el encuentro con uno mismo. La búsqueda de la propia sabiduría, para actúar y ser de una forma honesta y humilde cada día de nuestra vida. No la búsqueda de lo inalcanzable, sino el encuentro con uno mismo, aquí, ahora, en equilibrio con la propia vida.

No se trata de una lucha fiera, el camino espiritual, es más bien, un templar las aguas para encontrar equilibrio.

Así visto parece sencillo ¿no es así?

Pero entonces nos apoyamos en las cosas claves que conforman la vida. Por ejemplo, el pensmiento, porque ¿qué es la mente? ¿dónde nace cada uno de los pensamientos? ¿Podríamos estar completamente seguros que cada uno de los pensamientos nace de nosotros mismos? ¿Cuándo entoncs empezaría a pensar un ser humano? ¿En el vientre materno, al encontrarse con la vida, más allá, en la decisión de nacer? Entonces, ¿sería propia esa necesidad de nacer? Y ¿Cómo podríamos saber todo esto? La primera pregunta se diluye en un enroscado y descolorido sinsentido para todos. La mente, la cual parece que lo abarca todo, no tiene forma, ni inicio ni fin. Cómo podremos conocer nuestra propia mente, cuando parece inabarcable, y no podemos asegurar dónde nacen los pensamiento, como se enlazan con otros, que mareas los conmueven y arrastran o a dónde se conducen ello, y nos conducen tantas veces con ellos.

Pero sí sabemos algo, entre los pensamientos, entre uno y otro, como en la espuma de la resaca del mar tras la ola que victoriosa alcanzó la orilla, aparece un espacio vacío muchas veces ligero y desapercibido. Algunos se conmueven cuando el pensamiento alcanza su máxima fuerza, otros justo cuando nace, allá en el horizonte de la psique humana, otros cuando por fin el pensamiento se libera y se siente tranquilidad, pero allá, entre uno y otro, surge un espacio. Un espacio aparentemente sin vida. Y es posible que puedas vislumbrarlo. Ese espacio eres tú. Todo lo demás surge de ti, son emanaciones, proyecciones, pero ese espacio entre pensamiento y pensamiento, entre sacudida y sacudida, eres tú.

Los vientos, aquello que se llama los vientos, no sería más que las corrientes que conducen las mareas. Fuertes energías que arrastran tus pensamientos y experiencias vitales en una dirección u otra. Pueden ser vientos que se originen en tu interior, o pueden ser vientos que se originen en el exterior, pero son movimientos de fuerzas ocultas, invisibles en su mayoría, que empujan con ansias todo cuando contienes en una dirección.

El camino espiritual, el camino interior, tiene varios focos de trabajo. Los senderos espirituales se muestran complejos cuando intentamos comprender porqué se fundan y dónde nos conducen.

El primero y más básico, es observar y conocer lo que es: la mente, el sentir, el cuerpo.

El segundo, y más místico, es observar y conocer esos vientos que conmueven: los vientos.

El tercero y más secreto, es observar el vacío, la esencia, lo incorruptible e inamovible, lo invisible y poderosamente atemporal que huelga en cada aspecto de la manifestación.

Para cada aspecto del camino, para cada forma, nos encontraríamos un tipo de ejercicio, prácticas que durante milenios se han ido perfeccionando, tal cuál las prácticas para aprender a leer y escribir. Tal vez algunas parezcan más o menos válidas, más o menos rápidas, pero no son más que ejercitaciones para lograr desarrollar una visión más o menos clara de estos tres aspectos. La profundidad en ellos, es personal.

Una nos enseñaría a reconocer el cuerpo, la mente y lo que sentimos, tal cuál se presente. Pero esto llevaría a que algunas personas desarrollen autoestima, otras que se ejerciten de una forma cuasi obsesiva, otros que trabajen técnicas personales más o menos virtuosas en unas u otras áreas, algunos aprenderan a hablar con elocuencia, otros a bailar con gracia, otros descubrirán el arte del silencio, otros ejercitarán el cuerpo… El conocimiento del cuerpo, la mente y el sentir, es personal, aunque el trabajo inicial parezca similar.

Otro camino nos habla de los vientos, y este es interesante de reconocer. El estudiante no intenta conocer el cuerpo, la mente y las emociones, ni si quiera en desarrollar una buena mente, un buen cuerpo ni un buen estado emocional, el estudiante sólo busca conocer y estudiar lo que agita y calma la mente, el cuerpo y las emociones, lo que mueve y conmueve el cuerpo, la mente, y las emociones. Busca comprender las influencias, las relaciones, la conexión, tal vez entre todos los aspectos, entre los distintos pensamientos, entre unas personas y otras, entre el cosmos y cada nacimiento. Las personas que desarrollan un estudio avanzado de los vientos, pueden trabajar y profundizar en áreas tan distintas como quienes trabajan el cuerpo, la mente y el sentir. Puede haber astrólogos, visionarios, personas que desarrollen un arte para liderar el mundo, para trabajar y mover el dinero en la bolsa y la banca, para influir en otras personas, o para controlar y no ser influido. Hay quienes aprenden a respirar energía, y quienes logran superar la ira, la envidia y el apego con gran eficacia. El desarrollo del trabajo de los vientos es complejo y profundo, y puede generar muchos resultados.

Por último, estaría la voz del silencio, el espacio secreto del corazón, la vacuidad y la no forma de la cual se manifiesta toda forma. El camino lleva a desarrollar un arte por la mirada incorruptible y serena de la totalidad. Independiéntemente del sendero, de la práctica y del conocimiento en este área, el resultado siempre es la misma, una mirada contemplativa y pura, conectada con la esencia de todo cuanto le rodea.

Oh! Así visto el trabajo espiritual parece mucho más cercano y práctico. Existen multitud de prácticas, multitud de elementos a tener en cuenta y multitud de resultados. Por ello, se puede sinplificar y entender un poco más.

Vamos nuevamente a esas tres primeras formas, simplificándo para abarcarlo con más sencillez.

Materia, mente y emoción.

Postura, vista y habla.

Cuerpo, ojos y boca.

En estas tres cosas tan relacionadas, tendríamos el resumen de los tres caminos que hemos hablado, sus distintas profundidades y todas las prácticas que los completan.

Así, ya nos vamos acercando.

Materia, mente y emoción.

En el trabajo terrenal, de loque conocemos, tendríamos la materia, la mente y la emoción. Una mirada a todo cuanto somos cuando estamos en tal o cual lugar, en tal o cual postura, con tal o cual pensamiento, sintiendo esto y lo otro. Es el trabajo del reconocimiento, de la escucha y la observación de estos tres aspectos.

No tratas de cambiarlo, sino de conocerlo. Cuando respiras observas y sientes. Cuando hablas, observas y sientes. Cuando decides, observas quién eres y sientes.

En cada momento, cada instante, eres una materia ligeramente diferente, con una mente completamente diferente y una emoción cambiante. Es absurdo pensar que tu materia, tu mente y t emoción son incorruptibles, cambian, a lo largo de la vida y a lo largo incluso del día. Sólo se trata de conocerlo.

Habrá ejercicios de autocontrol, ejercicios de reflexión, ejercicios dirigidos para aceptar y amar lo que ya es. Pero en definitiva, los ejercicios de esta sección del camino, no son más que el autoconocimiento de lo manifiesto. Cuando esto se desarrollo aparece una comprensión clara de las influencias y ahí surge el siguiente sendero.

Postura, vista y habla.

Sin fijarnos tanto en que materia hay hoy, ni cuál es la mente que mira, ni dónde surge la voz, aparcen aquí ejercicios que se centran en el movimiento energético que impulsa, atrae, conmueve, arrastra, conecta… A veces es yoga, otras veces el dormir. No busca ser, sino busca no ser. No busca controlar, sino continuar moviéndose.

En esta parte del sendero, los ejercicios se centran en la impermanencia, todo cuando se manifiesta deja de estar separado, y comprendemos la interconexión entre todas las cosas, las mareas que nos agitan y nos calman. La manifestación ya no depende de nosotros, sino de mucho más.

La postura, en este trabajo, busca estar serena, sintiendo los ligeros aires que la empujan a través de la edad, superar los bloqueos que la mente puso sobre nuestro cuerpo, reconocer la vida moviéndose en nosotros mismos.

La vista, en este trabajo busca apoyarse en el océano infinito de la mente. Diferencia claramente el punto de vista, del observador, la mirada, el contexto. Busca expandirse y conectar. La mirada no nace en algo, sino que es, más allá de todo lo que aparente, la mirada es y trata de ser.

El habla se centra en la energía, viva, intensa, que enciende y agita, que apaga y daña, que crea y manifiesta. Los ejercicios aquí se centran en el conocimiento de nuestra propia energía y fuerza como creadores, cocreadores. El poder de la propia voz y el resultado de un habla dañina, enfermiza, que agrieta e intenta destruir a sí mismo y el entorno. Los ejercicios buscan comprender esas enrgías que tranforman nuestra voz en tempestad, que destruyen nuestra moral, o contruyen nuestra voluntad.

Cuerpo, boca, ojos.

En la última parte del sendero, lo sencillo y manifiesto, sirve como ancla para no perdernos a la deriva. El cuerpo muestra aquello que contiene, los ojos aquello que ilumina, la boca el espacio que se abre infinito de la mente iluminada.

El trabajo aquí es ser. No intentar ser, ni analizar, ni buscar, es ser, y permanecer en una constante atención de todo cuanto somos.

Con sencillez se aparta de la mente, de la postura, de los sentires, todo lo superfluo, y uno profundiza en la sensación de totalidad y espaciosidad. Lo eterno se hace manifiesto, lo manifiesto se hace lejano e indiferente a nuestros ojos. Ni cuerpo, ni boca, ni ojos nos aturden ni guían, pero son el cuerpo, la boca y los ojos, que se apoyan ligeramente en el ser.

Retazos de enseñanzas místicas

Has comprendido que en todo hay sabiduría, sin embargo buscas entender algo que no puede ser entendido, y codicias aquella respuesta que es dada, en el lugar más elevado, esclusiva para unos pocos, pretendiendo que el mundo te reconozca como alguien especial.

Si llegas a un lugar sagrado, no comes sus frutos, no bebes de esa fuente, no te bañas en su agua, no desprecias el lugar, lo respetas, y lo admiras hasta donde la vista te de, comprendiendo que es un privilegio estar ahí. Pero el necio recoge los frutos, bebe el agua sagrada, se baña, desprecia el lugar, y se cree con derecho a hacerlo. Tal vez piensa que al ser un lugar sagrado, tomando esos frutos y bebiendo ese agua se sane o reciba algún tipo de privilegio o don. Pero ignora que ese lugar tiene vida propia. El sabio se sienta y contempla el espacio sagrado, el necio lo agrede con su ambición.

Cuando contemplas un ser vivo, un ser sagrado, no lo analizas, no lo juzgas, no curioseas en sus secretos. Tampoco le intentas cambiar, ni pretendes sacarle nada, no intentas abrazarlo ni para darle buena energía ni para quitarle la suya. Cuando contemplas un ser vivo, un ser sagrado, tienes suerte de que se te entrege tan hermoso regalo. El sabio se sienta y contempla el regalo, el necio lo agrede y busca cambiarlo.

Seguir un camino interior es así, se te plantean muchos desafíos, pero el más claro es cómo cambiar ese camino interior, para que sea más fácil, o para mejorarlo, o para llegar antes. La vida es ese camino sagrado, sin pretender cambiarla, la vives y la disfruta, la contemplas y la admiras. Pero sólo el necio intenta mejorar lo que en el sendero brota de forma natural.

Cuando uno ignora la naturaleza de las cosas, surgen obstáculos y se entretiene en ellos. Ante los obstáculos, uno puede ser que no disfrute del camino y se altere. Entonces sólo queda recuperar la calma y la fe y, aunque tropiece, reírse de los obstáculos y seguir adelante. Cada obstáculo tan sólo es una llamada de atención para que estés despierto. Tal vez uno preferiría que el camino fuese agradable, llano, sencillo, pero entonces se relajaría demasiado y perdería la atención. La mente humana, que se dispersa tan fácilmente, requiere colores, movimientos, cambios, para continuar despierta y alerta. Por eso los desafíos, que de una forma u otra mantienen a la mente despierta.

Al final puede que descubras ese lugar aparentemente oscuro, pero que está totalmente iluminado, mucho más iluminado que un día claro. En tu ignorancia, tal vez no veas nada, y cuando dejes de ver, sin ojos, descubres la luz y se despejan todas las sombras. Según más limpias tu corazón, más luz verás en ese lugar.

El sabio tiene ojos en cada rincón de la cueva. Sus brazos parece que te abrazan desde todos los rincones. La cueva es su misma presencia. No hay un lugar, ni si quiera en tí, donde no se encuentre el maestro. Entonces has llegado.

La vida continúa. No hay un final, ni en ti ni en nada. Tal vez algunas cosas parezca que finalizan, acaban, para tus ojos mortales acaban, sin embargo se mantienen iluminadas más allá de todo cuanto acontece. El universo que conoces sólo es un espejismo de una forma luminosa y clara de amor que se manifiesta en lo indeterminado. El universo que conoces, tan sólo es un espejimo de un movimiento profundo y sagrado de un canto de amor. La belleza de este universo, efimera e incompleta, es un recuerdo de lo que te toca y te forma. Te puedes sentir sólo y perdido en este universo, confundido y herido, y sólo es un espejismo. Algo profundo se mueve contínuamente, más allá de todo ciclo temporal, y se expande. Algo inalcanzable para la mente temporal.

Nada se desvanece desvaneciéndose continuamente.

Respiras, al igual que ÉL lo hace, y al dejar el último aliento, te disuelves en él. Tus pensamientos son borrados, tus ansias son disueltas, tus recuerdos dejan de existir. Aparentemente te disuelves, aparentemente no queda nada. Sin embargo nada desaparece. Continúas en la pequeña cueva, iluminada por la luz de la conciencia.

¿Qué haces aquí? ¿Qué buscas? Cuando te detienes en este o aquel punto, puede que comprendas que nada puedes aprender de él, nada te puede ser mostrado que seas capaz de entender. Hermano que como la sal une mundos y experimenta la vida, descubre cuán cansado está por pretender ser algo que no es.

Todo cuanto sé, está aquí y es nada. Todo lo que uno tiene es sabiduría. Tanto tiempo ignorada, rechazada, menospreciada. No se puede desarrollar una sabiduría nueva, pues todo existe ya; mucho antes de que existiera el tiempo, todo existía ya. La sabiduría que se precipita, vacía. El corazón y el espíritu es sabio, pues lo que se siente en el corazón, lo que conmueve el espíritu, está más allá de esta ilusión y este vacío.

Si sigues las señales del corazón te encuentras. La mente busca mensajes, más no existen mensajes verdaderos. Los mensajes, tal vez recuerdos, tal vez más espejismos de la oscuridad de la cueva, no son la mirada atenta, ni el abrazo, ni el calor del amor.

La montaña parece que está quita; y tiene una vida corta y se desvanece. El humano observa la montaña y contempla su inmensidad. Le parece eterna. La montaña estaba allí mucho antes de que él naciera, y sabe que continuará allá mucho más allá de su propia vida. La motnaña tiene misterios, cuevas, animales, vida, agua, tierra, la montaña conoce muchas cosas y guarda muchas cosas. Uno la mira y contempla la inmensidad, pero olvida, el pequeño niño humano, olvida que la montaá es efimera, y su vida es corta en comparación con la eternidad, y que tarde o temprano se desvanece como todas las cosas. Algunos calculan cuándo ocurrirá, y errados concluyen y determinan algún dato que sólo su avaricia de conocimiento les da. Pero esos datos sólo sirven para creer que sabe más que la montaña que es más valioso que la montaña. Así el necio observa la montaa y cree que la conoce, que la conoce tan bien que sabe incluso cuándo se desvanecerá. Tal vez anote todo cuanto ocurrió en ella, su historia, su memoria, tal vez crea que sabe lo que siente. Se siente el necio tan pequeño que no duda en retar orgullosamente a la montaña para hacerse ver importante.

Cuando uno observa una vida humana, sin saber admirarla, cree conocerla, la juzga y calcula, errando, porque no se puede calcular el valor de una vida humana.

Mis manos sólo tienen experiencia. Aunque midamos la experiencia en la mente, en los datos, son las arrugas del rostro las que muestran lo que hemos vivido. Esos ojos que miran desde aquel lugar lejano, que te recuerda algo, pero no puedes llegar a él, algo lejano, viejo, añorado. Ese camino y sabiduría de aquel dónde, y aquel cuándo, está en las arrugas de las manos. Miras mis manos y ves mi historia, y lo que guardo en ella. Lo que leí, lo que pensé, no dice mucho más de mi. Ignora lo que toqué y abracé que es mucho más valioso y siempre pasa desapercibido.

Cuando vemos un sabio observamos sus pensamientos, sus palabras, y necios no comprendemos que sus manos y sus pies son las huellas de su camino. Tal vez el verdadero sabio no conozca muchas palabras bonitas, de esas que conmueven, pero sus manos te tocan y te entregan estabilidad y calidez. Entonces es un sabio, porque sus manos han vivido, y sus pies han caminado.

Creemos poder entender algo que no puede ser entendido. Cuando vemos pretendemos, cuando hablamos imploramos, cuando pensamos creemos saber.

La forma de las claviculas son el nombre que enseñas al mundo. Cuando las claviculas están escondidas, guardadas, no hay posibilidad de movimiento. Estás encogido, sin poder moverte y sin poder caminar. Si muestras las claviculas, abres los ojos y puedes ver. Caminar recto es el nombre de tu experiencia mostrándose al mundo.

Las manos del guía se posan en tus hombres y las claviculas se abren. Camina recto. Las manos del guía en los hombros, y desaparece el sueño, el hambre, la sed. Desaparece el temor. Desaparece la ansiedad.

Pasa una hoja empujada por el viento y surge el sol de la tarde.

Todo es tranquilo.

Ansías ese conocimiento, pero está vacío, buscas un conocimienot vacío, inservible. Tu corazón en cambio, toca todas las cosas. Si dejaras un instante de buscar, en tu sentir tal vez comprenderías algo.

Los hombres en su codicia acaban con todo, rompen todo. Los hombres con su amor, generan vida. Pretendemos hacer, cambiar, superar, ansiamos ser algo que no somos y rompemos, desquebrajamos, destruimos. Pero cuando amamos la vida, nos dejamos impresionar por ella, permitimos que nos embarge la alegría, agradecemos, y construimos, respetamos lo sagrado y generamos vida.

Mira a tu alumno con amor y en tu boca estará la palabra que él necesita. Una palabra que no surge del entendimiento, sino del corazón.

Tú conoces a ese hombre, porque lo amas. Tú lo esperaste, él te buscó. Alumno y maestro son uno sólo y se necesitan para existir. Amas a ese alumno y lo esperaste miles de años. Con paciencia esperaste, sabiendo que él te encontraría. Lo amas, y por eso lo conoces. Entonces deja de hablarte de los conocimientos vacíos que has recopilado en esta efímera vida, son intrascendentales. Mira a tu alumno con amor, y en tu boca estará la palabra que él necesita. Una palabra que no surge de entendeimiento alguno, surge de tu corazón. Tu lo amas, y está en tu corazón la palabra que él necesita.

La cueva a la que llegaste está en todas partes.

Ese pequeño espacio donde parece que no hay nada, sólo ojos y presencia divina que desde ningún lugar y todos a la vez, te atraviesa demostrando que tus máscaras y disfraces de nada sirven, ese pequeño espacio donde un día te encuentras, ese lugar donde parece que está oscuro pero hay más luz de la que encontraste en toda tu vida, está en todas partes.

Esta cueva te invita a mirar adentro, donde yo encontré a todos. Este espacio contiene a todos. TE ayudará a vaciar tu mente, despacio. Un día tras otro, puedes regresar a ese lugar y vaciar tu mente. Olvidando todo cuanto sabes, incluido el nombre, el camino, la forma de llegar a casa, tu padre, tu madre, olvidando el tiempo y cuando ya pierdas la cuenta de los latídos del corazón que dejaste de escuchar, descubres que todos los latidos del mundo está en nti contenidos.

El sabio en la cueva respira el mundo, les respera a todos, les contiene a todos, los abraza en su silencio y soledad.

El sabio se funde en ese abrazo de amor a todos los latidos que son uno sólo, el suyo propio, en su pequeña cueva, y se disuelve en ello.

¿Te atreves a dejar todo conocimienot a un lado?

El agua que fluye en la cueva liberará de tu cuerpo todo lo ruin.

No hay que llegar a ningún lugar; ya te has encontrado, estás vivo. Te has realizado, todo cuanto has deseado ya está hecho. No hay que llegar a ningún lugar.

Esa ansiedad es porque aun no sientes tu corazón tranquilo, pues aun no has visto que en tu corazón está todo el mundo. Sigues sintiendo vacío en él, sin comprender que ese espacio, esa cueva donde reside tu espíritu, está llena del mundo en entero.

Tu presencia contiene todas las personas, todos los seres.

Cada momento que pases contigo, dedícate una sonrisa. Es un regalo sencillo y poderoso que puedes hacerte cada instante que vivas. Una simple sonrisa que te regalas a ti mismo.

Se amable y simpático contigo mismo. Evitándo prosperar, pues no han mayor sufrimiento que creer que no eres suficiente para ti mismo. Evitando hacerlo mejor, han tantos esfuerzos en estos pequeños individuos, esfuerzos en vano. El mejor trabajo, la mejor realización, surge de tu naturaleza, tu experiencia y tu amor, sin esfuerzo alguno. Ya eres maravilloso, encuéntrate con tus capacidades y dones, evita hacer tantos esfuerzos por ser lo que no eres. Libérate de las marcas del pasado dedicándote una sonrisa. Hoy puedes limpiar tu espacio interior, regresar a tu casa interior.

Si tienes dudas, recopila cuanta más información puedas de todas tus virtudes, conociéndote. Celébralras.

Avanza en la vida, día a día, comprendiendo que no existe el coaso, que tu corazón está lleno.

Respirar sólo es tarle aire a tu corazón que tanto lo desea. Respirar sólo lleva la atención a todo lo que amas. Inhálalo, y exhala ese descano de saber que aun puedes amar más en la siguiente respiración.

Inhálalos a todos paa abrazarlos y contenerlos en tu pecho. Exhala la alegría de vivir para mirar a la vida. Así respiras con amabilidad. Luego el cuerpo le sigue. Luego la mente le sigue.

Pero hoy lo haceis al revés. Pensáis que el cuerpo sigue al pensamiento, y la respiración sigue al cuerpo. Entonces el corazón se aprisiona en una carcel pequeña, angosta. Inhala, con tu corazón. Toda la alegría de contener en ti a todos, inhálalo. Exhala.

Inhala de aquel monte, de aquella cima, hasta el océano, donde parece que acaba todo, inhala todo, porque lo amas, y deseas abrazarlo en tu corazón.

No será fácil en tu cultura hablar de amor cuando todos desean más, tiene codicia. Tú muchas veces tienes codicia, también deseas más. Tal vez aspiras ser más, lograr más, llegar más lejos. No es fácil hablar de moar ahí. Lo que ten paciencia, lograrás tu objetivo porque sabes que es correcto.

Bendigo tu viaje en el que encontrarás estás maravillas de las que te hablo y otras muchas que nadie sabe como nombrar.

Laberinto

De forma general, podemos encontrar dos tipos de laberintos, unos a través de pasillos y recovecos, nos llevan de una entrada a una salida, otros, los más antiguos y poderosos, acaban en el mismo punto donde iniciamos el sendero.

Se trata de laberintos mágicos con un sentido profundo sobre la estructura de todo, donde el objetivo es llegar al centro y a través del mismo trayecto, encontrar una única salida.

Laberintos en distintas culturas

El objetivo de todo laberinto es proteger un secreto, ya se trate de la salida o de aquello que esconden en su interior.

Un laberinto que lleva al centro y finaliza en el mismo punto que inició, claramente salvaguarda el centro, la unidad, la esencia de algo. Su objetivo no es salir, es llegar, encontrar, no se trata de avanzar sino de profundizar.

Nuestras matemáticas decimales ascienden numeralmente, son capaces de medir cuantitativamente, son capaces de superarse y extenderse hacia el infinito. Pero para poder entender un laberinto antiguo, debemos entrar en otro tipo de matemáticas, unas que profundicen hacia dentro de sí mismas, el sistema sexagesimal, donde la totalidad es un círculo, y dentro del círculo hay otro, y luego otro. No se pierde en el infinito cuantitativo, sino descienden o ascienden hacia la eternidad en un infinitomedido cualitativamente, hablan de profundidad y guardan dentro de cada grado, minuto, segundo, secretos indecibles y fases para poder encontrar dicho secreto.

Los antiguos laberintos sagrados tienen un diseño unicursal, normalmente de siete niveles concéntricos. Cada nivel habla de los días de la semana, los chakras, los colores, los cuerpos sutiles, los planos. Según avanzamos por cada nivel, vamos profundizando en estas fases, ascendiendo hacia el interior de uno mismo, para finalmente alcanzar la esencia. Un vacío donde se concentra un centro focal energético. De aquí, el iniciado desciende nuevamente paso por paso por todos los niveles que ya anduvo hasta encontrarse nuevamente en el punto de salida.

Juego de la Oca

Pongamos el ejemplo del camino de Santiago representado en el juego de la oca y su similitud con el i ching, se trata de dos laberintos extraños de entender como tales. A diferencia de los laberintos celtas o hopis, no tienen una apariencia de laberinto completa. Sin embargo, el juego de la oca es un camino que, con dos vueltas y media, y otra media secreta, acaban en el centro del tablero, donde el peregrino inicia un viaje de retorno hacia el mismo punto donde todo comenzó. Recorre así 63 casillas, donde la 63ª se extiende hacia uno mismo en una 64 casilla vacía.

El Juego de la Oca más antiguo conocido

El I Ching muestra el recorrido de los movimientos energéticos del Universo, 64 movimientos en constante transformación que describen las influencias e interconexiones de las fuerzas esenciales en un viaje hacia uno mismo.

Si tratamos estos dos mapas del ser de forma paralela, podremos encontrarnos interesantes similitudes que nos ayudarán el viaje hacia uno mismo.

El laberinto hopi, tanto cuadrado como circular, reflejan el movimiento de los campos toroidales. En esta forma de representación no se muestran las fases energéticas sutiles por las que pasa el iniciado, sino más bien, el movimiento energético que se realiza. Se trata de una representación de la danza de las partículas, y compromete al danzante obligándole a repetir los pasos de la naturaleza.

Ese esquema toroidal lo encontraremos en el macrocosmos y en el microcosmos, en el planeta y en el ser humano, en la flor y en el Universo. No crece hasta el infinito cuantitativamente como el sistema decimal matemático, sino que profundiza y entra en sí mismo, como el sistema sexagesimal.

Realizar el laberinto:

Realizar un laberinto, tanto dibujarlo como seguirlo, nos ayuda a “danzar” en nuestra energía siguiendo la armonía. Podemos entenderlo como recolocar la postura correcta, pero no la postura física, sino la energética, la cual influirá en todos los aspectos manifiestos. Al dibujar y recorrer el laberinto clásico, nuestra estructura se transforma, se realiza un viaje hacia el interior, descendemos a las profundidades, y regresamos al punto de partida, más completos, más homogéneos. Los laberintos del juego de la oca, o del I Ching, te enseñan a ser, te comprometen con los valores fundamentales y te entregan las claves de cómo ser, los laberintos ancestrales sin casillas, te dibujan un mapa que rompe el intelecto y te lleva a una consciencia superior.

Puedes elegir el laberinto que prefieras, manteniendo un foco en tu caminar: el silencio, la esencia, la búsqueda de una respuesta….

Si eliges construir un laberinto en tu jardín o en un campo, con piedras, busca una orientación determinada, que consideres sagrada, tu norte, a fin de encontrarte en el centro del laberinto en el centro de ti mismo.

Lo ideal es construirlo de dentro hacia afuera y repasar de fuera hacia el centro. Hay que construirlo siguiendo el trayecto.