Parásitos y entidades astrales

Los parásitos astrales son formas de energía densas que se alimentan de pensamientos inconsciente, básicamente de ruido mental. Cuando los pensamientos adquieren más fuerza, lo que significa que están asociados a emociones, estos generan más materia etérica y astral que la persona no puede canalizar, ni nutrirse de ella, y los parásitos se alimentan de ella.

Es falso creer que estos parásitos sólo se nutren de emociones negativas, pues también pueden alimentarse de la emoción generada con la adrenalina, como con el exceso de deporte, los enamoramientos y pasiones, la sensación de éxito… Básicamente todo aquello que pensamos genera energía, energías etéricas, astrales o sutiles, energía que es alimento. Cuando las personas piensan sin control, cuando los pensamientos son atolondrados, inconsciente, y sobre todo cuando están cargados de emoción, entonces tienen más energía etérica y astral.

El ruido mental atrae gran cantidad de parásitos astrales, y la persona que genera mucho ruido mental, o que vive en un diálogo interno, tiende a acostumbrarse a los parásitos.

El parásito, cargado con toda esa inconsciencia, con todos los pensamientos “absorbidos” y la emoción que conllevan esos pensamientos, se puede alojar en el mismo cuerpo de la persona sin que esta la identifique como algo ajeno a ella. La repetición de dichos pensamientos y emociones, hace que cada día le resulte más familiar, y que cada día profundice más en esa conexión con el parásito, hasta que se genera un tipo de simbiosis.

En dicha simbiosis, uno genera los pensamientos cargados de emociones, el otro, como eco, los repite generando el diálogo interno, la persona escucha los pensamientos identificándolos e identificándose con ellos, los repite y se emociona retroalimentándose emocionalmente, estos pensamientos cargados de emoción generan energía, luego el parásito se nutre de esa energía y crece. La persona se siente más vacía cuando el parásito se aleja, siente que le falta algo, que le falta su “dosis” emocional o su amigo interior.

Cuando más crece el parásito, más fuerte es la relación, más claro es el diálogo, más intensa es la emoción. Poco a poco este parásito se hace más llamativo y poderoso, pudiendo convertirse en una entidad astral o etérica, e incluso algunas de estas entidades, actúan en grupo.

El parásito astral, la entidad y los egrégores, son cosas muy diferentes, pero por ahora, vamos a intentar entenderlos de la misma manera, para poder comprenderlos mejor.

En las personas con capacidad clarividente, el parásito astral con sus emociones, y la entidad con un tipo de consciencia más definida, o el egregor, puede identificarse como ángel, guía, protector o incluso la propia alma. Entonces la persona se conecta con más fuerza con esta forma densa energética. Puede creer que es un aspecto de su alma, su niño interior herido, su alma gemela que la escucha en la distancia, o algún ángel que le habla interiormente. En la emoción y sentir generado en esa conexión, hay más energía, más ruido mental, más diálogo, más inconsciencia y más simbiosis con la entidad.

Dónde se alojan estos parásitos o su forma, es muy relativo, depende de las formas mentales abstraptas y simbólicas inconscientes de la persona que ha creado y alimentado a dicho parásito. Los mismos parásitos y entidades pueden cambiar de forma y disfrazarse pareciendo cosas completamente diferentes de lo que son. Aun así, la mayoría de las culturas dibuja estos parásitos como serpientes o culebras. Algunas son dibujadas con la boca en el mismo rostro de la persona, generando una especie de “máscara”, que señala una personalidad con pensamientos completamente duales e irracionales.

Muchas personas generan una simbiosis tan fuerte con algún parásito o alguna entidad, que apenas puede distinguirse cuáles son sus pensamientos y cuáles son de la entidad. La entidad habla por ellos, responde por ellos, reacciona por ellos, y sin poner ningún tipo de oposición dejan su cuerpo como vacío dejándose llevar por todos los pensamientos y emociones que han tenido. Cuando a esa persona le haces una pregunta, ella mira hacia, como dentro esperando que una voz interior que le responda, espera que el pensamiento se genere solo, pues está acostumbrada a que los pensamientos se generan de la nada. Luego a estas personas les cuesta recordar lo que ocurrió, lo que vivieron, sólo recuerdan la emoción que sintieron y recrean una fantasía que sólo vivieron en su mundo interior, pues todo lo demás, no lo vivieron ellos, no lo eligieron, fue la entidad quien vivió a través de ellos, están acostumbrados a apagar la conciencia y el pensamiento consciente, tal cuál se apaga la luz en una habitación.

La misma entidad generará cualquier emoción conflictiva o intensa para seguir conectada a la persona que le entrega energía. Se justificará al escuchar lo que ocurrió, se sentirá sumida en sentimientos de crisis emocional, o se enamorará profundamente y se recreará en las pasiones sexuales. Cualquier cosa para seguir alimentándose. Mientras, la persona apaga su capacidad de actuar, de decidir, de pensar, de hablar, de razonar, de sentirse libre. Víctima de sus pensamientos y emociones, no logra observarlos con calma ni claridad.

En los extremos, una persona puede tirar cosas, gritar, golpear, y luego, al día siguiente o el mismo día, no recordar nada de lo que hizo, no tener idea de qué pasó. Otra persona puede verse así misma tomando decisiones y actuándo sin poder deternerse, hablando y actuándo sin poder hacer nada. Puede verse cómo no es capaz de parar sus gestos, sus movimientos y sus palabras. Pareciera que esta en “piloto automático”, y no sabe que es una entidad a la que ha dado tanto permiso a lo largo del tiempo, que actúa, piensa y habla por ella.

Cuando un parásito no obtiene el alimento, antes de disolverse en el vacío, busca otros cuerpos o personas que generen emociones y pensamientos similares para poder seguir creciendo. Cuando no obtienen su alimento se van debilitando, pero algunas entidades pueden tardar años o incluso décadas en disolverse de tanta energía que almacenaron.

En el budismo tibetano, ciertas entidades que tienen siglos, al ser vencidas en una batalla astral, son obligadas por el monje que las venció a obedecerles, y se convierten en protectores del dharma. El monje cada cierto tiempo realiza unas prácticas para asegurarse de que la entidad continúe siendo obediente, y antes de fallecer, enseña dichas prácticas a sus discípulos. Pero estas entidades pueden haber sido antiguos reyes o guerreros, cargados de odio, rabia, rencor, que durante siglos han alimentado toda esa negatividad.

También se suelen utilizar a ciertas entidades, al igual que los buitres que comen carroña, para remover energías densas y pesadas que atraen entidades y parásitos continuamente. Con ciertos rituales, los monjes van a cementerios o lugares donde ocurrieron cosas muy desagradables, e invitan a entidades y parásitos astrales muy específicos y densos para que se alimenten de todo ese dolor que allí se generó, luego les invitan a irse lejos y que dejen tranquilos a los que viven en ese lugar. Tras esto purifican el lugar con unas oraciones y meditaciones, generando paz y espaciosidad, transformando energéticamente el lugar.

Algunas entidades astrales crecen en grupo en una familia, generando un mismo tipo de diálogo interior, emoción, conflicto o incluso enfermedad para varios miembros de la familia. Este tipo de entidades son más difíciles de apartar, y muchas veces la persona se cambia de nombre, o de apellido, o incluso de casa, para no ser encontrada por la entidad. Esa entidad busca a determinados miembros, con un apellido, con un nombre, a los de un sexo determinado, a los que nacieron en un orden específico entre los hermanos… Los rituales para apartar estas entidades consisten en despistarlas y dejar que se pierdan y se disuelvan ellas solas.

Otros parásitos astrales crecen obligando a la persona a “absorber” energía a otras personas. Estas personas se tornan dependientes, víctimas, agotadas y agotadoras, pasivo agresivos y con muchas inseguridades. Su ruido mental les lleva a estados depresivos o ansiosos, donde creen que su bienestar, calma y equilibrio depende de las personas del alrededor, o que su sufrimiento ha sido causado por su alrededor. Entonces los parásitos, utilizando a la persona en la que están alojados como medio, absorben la energía de terceros en relaciones tóxicas y dependientes. Cuando la persona que han utilizado como mediador para absorver la energía durante años fallece o desaparece, saltan a otra persona para seguir absorviendo energía a terceros. Cuando la persona atrapada en una simbiosis con este tipo de entidades convive con alguna persona más fuerte o segura de si misma, si no es capaz de robarle energía, se sentirá en una crisis emocional cada día más profunda, acaparará la atención hacia su dolor y se sentirá cada día más débil, insegura, con más dolor y más dependiente. La entidad, sin poder alimentarse de terceros, apartará a la persona rápidamente de la relación, hasta que encuentre dónde o de quién poder absorver energía.

Las entidades podrán ser colectivas o individuales, podrán estar relacionadas con un lugar o con un momento determinado, incluso con un apellido o con una enfermedad. Pueden afectar sólo a los hombres de una familia, o a las mujeres, pueden afectar a todos los que tienen un nombre determinado o a una planta de un edificio, a los que han nacido segundos hijos, o cuartos. Pueden afectar en un momento de la vida determinado, o un día señalado en el calendario. Hay situaciones, emociones, pensamientos, memorias, que les atraen con fuerza.

Hay entidades y parásitos en el tráfico denso de las ciudades, en el metro, en los conflictos, en las guerras, en los lugares donde hay muchas relaciones sexuales, en los centros de trabajo, en las casas, en los colegios, en los hospitales… Las personas que llegan nuevas a lugares donde hay un determinado tipo de entidades, en segida pueden percibir esa energía cargada de pensamientos y emociones, pueden sentir una tendencia a esa emoción y dejarse embullir por el ambiente energético, o mantenerse al margen observando su estado mental y manteniendo la calma y la consciencia clara. Así hay personas que entran en una funeraria y lloran desesperadamente sin saber por qué, otras entran en una zona de una carretera determinada y comienzan a gritar y discutir sin razón, pueden pasar por una calle y tener la necesidad de llamar a un familiar sin saber por qué, otras les cuesta mucho entrar en hospitales y otras sienten que se quedan sin fuerza cuando entran en un centro comercial… Esos lugares quedan cargados de parásitos astrales que, sin dueño, o liberados al encontrar un lugar con más emociones y densidad, o simplemente perdidos al haberse desubicado en un cruce de caminos, buscan seguir absorviendo energía mental inconsciente de la gente que por allí pasa.

Los parásitos y entidades astrales huyen del silencio interior. La única solución a este tipo de energías es el silencio interior. Los rezos, aunque pueden tener cierto resultado, no serán determinantes para disolverlos. Es la paz y la claridad, la mente despierta y consciente la que transformará el lugar y lo limpiará completamente. La plena consciencia de nuestros movimientos, de nuestra respiración, y de nuestros pensamientos.

Muchas personas sugieren que son incapaces de parar su mente, que su cabeza tiene un continuo ruido mental. Entonces es momento de simplificar y callar, comprender lo que ocurre y aprender a silenciar la mente. Es preciso dejar de alimentar dichos pensamientos y dejar de “responder” a ellos, comprendiendo que la respuesta y el dialogo están generando mayor ruido.

Cuando una persona que se ha visto identificada con este tipo de situaciones años, por fin comprende lo que ocurre, se puede sentir escandalizada, horrorizada, asustada, pero es momento para que comprenda que ese temor parte de la certeza de la falta de control sobre la propia mente, tal vez no se crea en entidades, ni en sombras, ni en el plano astral, pero si hay un temor por lo que se puede generar al no tener el control sobre los propios pensamientos, acciones o actitudes.

La primera prueba en el camino espiritual tiene que ver con la carencia de deseos, el discernimiento y con el silencio. Es el encuentro de la paz interior.

Esta prueba puede llevar años, o toda una vida.

Se trata de dejar de alimentar aquello que no nos pertenece, y de ser más consciente de lo que alimentamos con nuestros pensamientos y acciones. Se trata de dejar de generar ruido, energía inconsciente, basura mental, y enfocarse en generar consciencia, claridad, silencio.

Algunas personas, cuando comienzan el trabajo interior y van disolviendo las entidades día a día, se sienten agotadas, necesitan descansar del silencio, o sienten que sólo lo pueden estar en silencio durante unos minutos al día. No quieren estar conscientes, les molesta, les afecta estar alerta, y les molesta la paz. Pudiera entenderse como que las entidades y parásitos mentales han estado demasiado tiempo rondándoles. Se sienten mal cuando no están esas energías, y evitan sacarlas. Se han acostumbrado tanto a tener ruido mental, inconsciencia y malestar, dependencia, adicción y temor, que cuando esta emoción desaparece, la hechan de menos. La entidad o el parásito se convirtió en un fiel amigo. El parásito se ha convertido en un fiel amigo que les escuchó, les acompañó, su energía densa les resulta familiar, y su presencia les hace sentirse seguros, acompañados, guiados.

Otras personas se conforman en el camino interior con estar bien, con sentirse bien, tranquilos, tener pensamientos alegres, dichosos. Esta tendencia no es buena, pues tarde o temprano, los pensamientos serán negativos o conflictivos, igual que antes. No importa tanto si los pensamientos son buenos o malos, importa que sean conscientes, claros, precisos. Imagina una persona que camina por la vida con torpeza, sin comprender lo que hace con las manos, los pies, sin saber si está gritando o está en silencio. Su cuerpo como una peónza gira sin parar, o se detiene durante horas sin poder hacer nada con él. Mucha gente es así con su mente, dedica gran parte de su vida en tener el cuerpo perfecto, pero olvida tener la mente bien, la mente va y viene sin razón, piensa sin pensar, habla sin saber, no escucha, no aprende, envenena y cambia sin ton ni son. Hoy en día hay mucha gente trabajando el cuerpo y olvidando el intelecto, la observación, la escucha consciente, el equilibrio mental.

El trabajo de la calma mental es clave en el camino interior y los resultados nos acompañarán toda la vida. Pero también es una práctica que nunca finaliza, pues cuando logramos dicha calma, dicha consciencia, nuestra energía mental, la energía generada a través de los pensamientos tiene mucha más fuerza, y por lo tanto es más atractiva y “golosa” para estos parásitos astrales.

Para las personas que se interesen en el camino interior, las puertas y superación de las pruebas astrales es clave en el desarrollo interior. Superar las adversidades de las sombras y entidades distintas, dejar de alimentar los íncubos y súcubos, vivir sin sombras ni parásitos, alimentar únicamente la paz y el silencio que permitirá que el corazón se abra ilimitada y plénamente.

Estas pruebas configurarán la visión, el estado emocional, la autoconfianza, el guerrero interior, la entereza y la templanza.

La mente debe tener enfoque, claridad y luminosidad. Para ello ha de estar en silencio. Aprender a escuchar el silencio.

Las pesadillas son una forma de descubrir dichos parásitos y entidades y superar los temores ocultos y sombras de la propia mente.

También el tipo de pensamientos que tenemos durante el día, o los dolores físicos en el cuerpo, como el agotamiento, los dolores de cabeza, problemas en la digestión… Los pensamientos inconscientes, las melodías rondando en la cabeza, la sensación de que hemos olvidado algo, o la incapacidad para concentrarnos. A través de las adicciones y de todos los comportamientos, pensamientos, expresiones que hacemos sin poder controlarlos también podemos descubrir si hay parástios o entidades.

Cuando ya estamos muy habituados a una entidad astral o un parásito astral, es bueno hacer un trabajo para quitar dicha entidad. En estos casos, si por ejemplo a lo largo de un retiro o un trabajo espiritual, la entidad o el parásito se aleja de nosotros, al no haber realizado conscientemente esa labor, es probable que retorne a nuestro lado en un momento que estemos más inconscientes o dormidos. A veces pasados los meses o los años. Este tipo en que la entidad o el parásito se alejó de nosotros, nos puede servir para interiorizar y comprender cuál es nuestro punto de equilibrio, el estado natural de nuestra mente. Es un tiempo en que miramos nuestra mente, y descubrimos la calma. En que nos sentimos más enfocados, fuertes, confiados. En que nuestras emociones no nos perjudican, más bien al contrario, nos ayudan en la vida. Durante ese tipo, ya sea que lo estemos viviendo o lo hayamos vivido, podemos comprender que hay un problema al que tendemos, un tipo de pensamiento, emoción, que atrae y alimenta energías con las que hemos generado algún tipo de simbiosis que debemos superar.

El trabajo para eliminar dicho diálogo y conexión dependería en gran medida de la entidad o el parásito y cuánto tiempo haya estado con nosotros. También si se trata de una entidad individual o grupal, por ejemplo un tipo de parásito que se nutra de emociones y dolores inconscientes de la familia o del trabajo, también deberíamos entender cuánto tiempo lleva con nosotros y qué nos proporciona. Tal vez baja autoestima, dependencia, adicción, temor, angustia, inseguridad. Esa entidad nos regala algún tipo de emoción que fortalece dicha conexión y es bueno comprender esto.

De nada sirve culpar a las entidades o a los pensamientos negativos, es interesante observarlo como un parásito que se alimentó de nosotros, pero también nosotros lo hemos permitido.

Los trabajos para eliminar dichos parásitos surgen de la claridad y consciencia de lo que ocurre. Es la inconsciencia la que genera esa conexión, es la consciencia la que rompe con esa conexión.

Cuando realicemos el trabajo para liberarnos de la entidad o del parásito, sentiremos casi al instante el cambio en nuestro interior. En algunos casos sentiremos cómo se alejan de nuestro lado, en otros cómo se disuelven. Podremos notar la mente enfocada, la experiencia de vida más clara y nítida, nuestro corazón más abierto… Aun así nuestra mente tiene una tendencia a repetir, a mecanizar. Es muy probable que aunque nos hayamos librado de una entidad un parásito, no hayamos resuelto el problema. Tarde o temprano nuestra mente, totalmente habituada a esos pensamientos y emociones, los repetirá de manera inconsciente, generando gran cantidad de energía que actuará como una luz, una llamada de atención en otros planos, entonces la misma entidad, u otra, aparecerá beneficiándose de nuestra inconsciencia.

El trabajo, sea cual sea, debe ir de la mano de un cambio de conducta. Nuestra mente tiene una estructura cerrada que ha de cambiar. Pero también los hábitos, juicios y pensamientos que generan esa estructura. Comprender lo que alimentamos o nutrimos inconscientemente no es agradable, comprender cuánta energía perdemos en pensamientos que no conducen a nada más que generar sufrimiento, dependencia, dolor, deseos, no es nada fácil. Una vez que lo hemos comprendido, podemos cambiar la estructura mental, apoyándonos en los momentos positivos y las claves que nos ayudaron a estar bien.

Energía

Comprendiendo la energía y sus bloqueos.

En este mismo artículo se ampliarán los trabajos sobre energía

Enegía 1
Energía 2
Energías que confluyen y jerarquías espirituales
El camino más allá de la vida
Claridad luminosidad en la mente, el horizonte
Libertad de conciencia

Visión, voluntad, responsabilidad

Momentos dichosos no son aquellos en que todo lo que ocurre es lo que nos gustaría que ocurriera, sino aquellos que hemos aprendido a vivir en el ahora. Sin perdernos en el pasado o el futuro que tanta ansiedad y estrés nos genera. Al vivir en el ahora hay paz, al encontrar nuestra mente en calma, vivimos con dicha en nuestro corazón.

Vivir en el ahora, es dejar ir ese pasado angustioso, y dejar el futuro para el día que tenga que ocurrir.

Al vivir en el ahora, uno recupera su energía, su fuerza. Se recoge en sí mismo y puede meditar, observar, entender y tener el valor de decidir con mayor coherencia con lo que hoy, en este instante, está aconteciendo, y no desde el juicio, el temor o la ansiedad de lograr algo que no es real.

El programa de este mes está dirigido a tomar decisiones, desarrollando energéticamente o mentalmente: visión para discernir e idear la acción concreta, voluntad para actuar con valor y consciencia con respecto a las propias visiones, y responsabilidad y coherencia con respecto a nuestras decisiones. Un trabajo hacia la integridad, que nos ayude a tener el valor de afrontar nuestra vida, conscientes de nuestras elecciones.

DISCERNIMIENTO

El discernimiento es la clave para tomar mejores decisiones. Por ello durante este año hemos intentando realizar un trabajo de discernimiento. Rompiendo esquemas al hablar de política. Abordando a las personas pasivas agresivas de la familia, como aquellos que nos aman y a través del sufrimiento intentar compartirnos el dolor que ellos mismos sienten. Hemos intentando cambiar el punto de vista y abrir la mente hacia una claridad mayor. Vamos a profundizar durante este fin de semana en el discernimiento.

DECISIONES. La influencia negativa de los juicios sobre las decisiones. Creencias erróneas, creencias inconscientes, su influencia sobre el presente. ¿Podemos dibujar un cuadro sobre un lienzo ya pintado? Saliendo del punto de vista correcto, hacia el punto de vista global.

DISCERNIMIENTO. Punto de vista: objeto, observador, pensamiento (espacio); silencio, luz, espacio. El discernimiento desde lo práctico hacia lo metafísico.

VOLUNTAD

La voluntad es una energía sagrada y poderosa. Por muy clara que tengamos la idea, muchas veces no encontramos la fuerza para llevarla a cabo. A través de este fin de semana, buscaremos desarrollar la voluntad, respetar nuestra intimidad y nuestra energía como sagrada, y respetar las decisiones ajenas y aplaudir la voluntad del otro. Las acciones extraordinarias no dependen de las grandes ideas, ni de la bondad, dependen de la voluntad.

Caminos sin concluir (voluntad). Cada pequeña tarea dejada a medias es una parte de nuestra vida inacabada, un pedazo de nuestra energía inconclusa, dividida. Necesitamos toda nuestra energía y voluntad para dar ciertos pasos en la vida. ¡Aprendamos a recuperar la energía perdida! Un programa de voluntad en función del embarazo materno y los traumas sufridos en él.

Meditación en amor

Desapego y respeto para recuperar la voluntad. Respetar la energía ajena para recuperar la propia. Es preciso liberarse del apego para desarrollar la propia voluntad.

INTEGRIDAD

Una vez tomada una decisión, una vez la energía está en marcha, el humano consciente se hace responsable de sí mismo y de las repercusiones de sus acciones. Sin lamentos, sin quejas, sin remordimientos.

Abrazando cada decisión del pasado. Meditación para dejar ir. Intimidad y espacio secreto del alma. Un punto de vista erróneo e invasivo: esperar que el otro cambie. La falta de integridad proyectada en lo que consideramos errores ajenos.

Vergüenza. La vergüenza nace cuando algo dentro de nosotros difiere de lo que hay fuera. La integridad es el antídoto hacia esa vergüenza. No se trata de cambiar el interior, sino aceptarlo y respetarlo.

Capacidades psíquicas y el apego

Las capacidades psíquicas son una parte del trabajo espiritual. Según aclaramos la mente, esta se despierta y logra todo lo que pudiera parecer imposible.

Existen algunas altas capacidades, que aparecen de manera natural en un trabajo espiritual, e incluso, algunas de estas capacidades pueden servir de reconocimiento de un buen trabajo con la mente, otras son heredadas de vidas en la que ya existió ese trabajo personal. Igual que una persona puede reconectar con memorias de otras vidas, con la comida, las personas, o las habilidades, también, y realmente mucho más común, con las altas capacidades.

Pero esto supone un peligro que debemos tener en cuenta, pues estos resultados de la apertura mental, sobre todo cuando surge en una mente aún débil y apegada, pueden generar un gran apego, incluso mayor que la propia familia. Dícese que el clarividente, o el psíquico, o el sanador, en el momento de fallecer, en el momento de soltar la vida y fundirse con el todo, puede soltar cada cosa de su vida con facilidad, pero no, logra desapegarse de estas capacidades, las cuales arrastra a sus siguientes vidas, apegándose a ellas y encadenado a una ilusión del ego, de posesión, de control, de poder.

A la vez, la mente que logra visiones, experiencias o proyecciones con facilidad, tiende a repetir, igual que con cualquier proceso mental. La mente simple, sin paz, repetirá los ciclos y procesos mentales generando adicción a ellos. Por esta razón, la persona que tiende a recibir información, visiones, cada vez recibirá más, y sentirá deseo y necesidad de esa información que recibe. Y la persona que tiene sueños lúcidos y claros, tenderá a querer más sueños, la persona que tenga sensaciones de señales, de coincidencias, déjà vus, u otras experiencias, también querrá cada vez más, sintiéndose afortunado, poderoso, o con simple curiosidad, buscará repetir el mismo proceso mental, indagando más y más, y dando más poder al apego que tiene, el enganche que tiene a esa alta capacidad.

De la misma forma, la persona que hace deporte con regularidad, tiene necesidad de ese deporte, apego y adicción a él, y el día que por una lesión o cualquier problema no puede realizar el mismo ejercicio, tiende a sentirse mal, bloqueado, limitado. Pues su cuerpo se ha habituado y, sin interés alguno de estar en forma o sano, siente que necesita esa dosis de emoción, satisfacción, adrenalina, dopamina que recibe a través del deporte.

Los hábitos, todos, generan apegos, y los apegos nos limitan y no nos permiten continuar.

Pero los resultados de una mente expandida generan una adicción mucho mayor que los resultados del deporte, o incluso de adicciones peligrosas como ciertas drogas. Pues incluso vidas después, la persona con estas capacidades hace lo posible por recuperarlas.

Cuando las altas capacidades surgen tras un camino concreto, de paz, de amor, de luminosidad, la persona a través de los paramitas, los valores esenciales del camino interior, va comprendiendo la necesidad de soltar, enfocando su mente en la totalidad, y no en los resultados inmediatos que tanto ansía el ego. Por ello, de una forma u otra, logra que las capacidades sean algo fluido y natural, pues no las considera algo propio y exclusivo, ni las ve maravillosas virtudes, sino que son como una estrella más en el cielo nocturno.

Las capacidades que hablan de un trabajo bien realizado son parte de la conciencia clara: consciencia sobre la propia mente, consciencia de los pensamientos de otras personas, consciencia de la vida de otros seres y personas (su pasado y su futuro), consciencia de vidas pasadas propias y de otras personas… A su vez, algunas personas pueden tener consciencia sobre otros planos, energías, seres o dimensiones.

Para no caer en esta tentativa trampa de la ilusión, es bueno afianzarse en las claves para liberarse del ego:

  • No te sientas ofendido
  • Libérate de la necesidad de ganar
  • Libérate de la necesidad de tener razón
  • Libérate de la necesidad de ser superior
  • Libérate de la necesidad de tener más
  • Libérate de la necesidad de identificarte con tus logros
  • Libérate de la necesidad de tu fama.

El ego es una parte esencial para la vida, pero es una ilusión que se aferra intentando por todos los medios ser real. Todo el ego tiende a disolverse, y todo lo que el ego ansía, es temporal y sólo sirve para alimentarlo a él y hacerlo más real. Cuando las capacidades psíquicas se convierten en un deseo más del ego, la persona desarrolla el ego espiritual en su máxima forma. Creyendo que esas capacidades son propias, identificándose con ellas y olvidando que son realmente el fruto de un desarrollo de la mente universal natural, la persona empieza a alimentarlas y poco a poco se convierten en una entidad propia. Las mismas capacidades exigen atención, las mismas visiones exigen ser alimentadas, los mismos mensajes buscan más y más mensajes. La mente se turba y se pierde en un camino sin sentido, donde codicia una constante atención hacia los místico y espiritual, olvidando la claridad, la paz y el silencio.

El meditante comienza a meditar sólo por la experiencia mística en sí misma, el vidente comienza a reclamar más y más visiones, agotándose y nublando su visión, el canalizador busca entonces más mensajes, de más seres, olvidando el precioso silencio que conmueve y del que gozaba antes de tener tanto ruido mental.

Cuando otras personas identifican a la persona con esas capacidades, como un maestro, un vidente, un canalizador, un sanador, entonces la persona empieza a alimentar con más fuerza esas capacidades hasta que vive para ellas. Ya no elige su consciencia, ni elige cuándo o qué recibir, sino que la visión y las capacidades psíquicas le utilizan para manifestarse y existir.

Igual que otros deseos banales del ego, parece que es inagotable a la hora de reclamar y buscar atención, enturbiando la paz y claridad.

Posiblemente, como en todos los casos que el ego tiene un reclamo y una identidad, la persona que alimenta sus capacidades no comprende lo que ocurre hasta incluso después de la muerte, cuando reencarna con todo su karma y su potencial intacto. O incluso varias vidas después, que comprende como toda su vida tiene un sentido temporal e ilusorio.

Pero las capacidades psíquicas también pueden ser un regalo maravilloso que puede ser aprovechado, siempre que se logre no alimentar de más, ni vivir en torno a ellas, ni buscarlas, sino que, como todas las demás cosas de esta vida, se disfrutan, y se sueltan sin permitir que esas capacidades utilicen a uno.

El camino es sencillo, fluir con ellas.

Imagina ante ti un paisaje, e imagina disfrutar contemplándolo.

Ahora imagina un paisaje que te obliga a buscar respuestas, que se entremezcla con visiones brillantes, que te entrega respuestas específicas que nada tienen que ver con el mismo paisaje, sacándote de la belleza de ese instante.

Imagina ahora que después de contemplar el paisaje no haya paz, sino ansiedad, deseo, y la sensación de que algo más queda por hacer.

Así son las capacidades psíquicas cuando uno las desarrolla sin comprender lo que son, apegándose a ellas y a sus resultados, viviendo para ellas y no para sí mismo.

Imagina tan sólo respirar, en paz, en silencio, contemplas ese instante y tan sólo respiras, plenamente consciente de tu respiración.

Ahora imagina que según respiras, empiezas a tener sacudidas sensitivas inmensas, visiones claras de luces, seres, mensajes, conversaciones con seres del más allá, que te sales del cuerpo en viajes astrales, o que te proyectas al pasado reviviendo escenas de tiempo atrás.

Nuevamente no hay paz, las altas capacidades a lo mejor han dado alguna respuesta, pero te han robado algo, la atención.

Imagina que sientes amor hacia todos los seres, que sientes amor inmenso hacia todos y todo. Imagina que tu trabajo te lleva a sentir gran amor. Y descansas en ese amor y regocijo, en esa sabiduría de conexión y unidad con todo y con todos.

Y ahora imagina que te sientes obligado a hacer algo por los demás, que sufres por ellos, que ves todo lo que otros han vivido y sientes que eres algo importante para los demás, que te necesitan. O que tienes que ayudarles y sanarles con tus manos, con tus visiones. Dejas de sentir amor y poco a poco sientes responsabilidad, compromiso.

Otra vez, no hay paz, no hay presencia, el amor se disuelve en la arrogancia de ser especial. El amor se disuelve en la experiencia de poder, de soberbia, de miedo a no ser suficiente. El amor se disuelve en ese sentimiento de separación que busca sanar a otros, rescatar a otros, sin comprender que todos somos uno.

Pero la paz surge en el silencio, y el amor surge en la expansión consciente de ese silencio. Y claramente cuando hay paz y hay amor, hay un conocimiento o sabiduría superior, hay una expansión de la mente que otorga claridad, respuestas, visiones, pero eso no implica que la mente tenga ciclos, ciclos de calma y ciclos de ajetreo. Y es posible que cuando retorne un ciclo de ajetreo, de agitación mental, el ruido perturbe todo ese sentimiento de paz y amor, por abandonar el estado de contemplación y creer que algo es más importante que otra cosa.

Los paramitas nos entregan el cómo, cómo actuar en estos casos, pero lo que más ayuda es aprender a soltar, crear un hábito mental que tienda a soltar. Sin creer que nada es tan importante como para hacernos perder la paz y el amor.

La vida es la experiencia, y cuando la tendencia es soltar, experimentando cada instante como nuevo. Y cuando la tendencia es apegarnos, la experiencia es limitada, incompleta.

Construyendo un altar

Un altar es un centro de poder. Un centro energético.

Puede servir como un modo de dirigir la energía en una dirección, o de enfocar la energía que llega, o de canalizar.

Imagina un manantial natural en un monte. Algo así como una fuente sería un altar. Nos ayuda a enfocar y recoger la energía.

Claramente no es necesario, pues la energía divina está en todas partes, pero puede ser un buen hábito para dirigir y comprender cómo funciona la energía.

Al realizar un altar, una de las claves es comprender qué es sagrado. Sagrado es todo aquello que uno piensa y siente que es sagrado. Y ahí funciona bien la imaginación. Cuanto más claro tengas que algo es sagrado así lo será.

Esto se debe a que la energía universal está en todo, expandida, abundante. Todo es realmente sagrado, pero muchas veces lo olvidamos. Un objeto sagrado es aquel que mantiene esta conexión con lo espiritual lo más pura posible. Pero si la energía universal está en todo y todo es sagrado, simplemente tenemos que tratarlo como tal para reconocerlo.

En un altar, todo cuanto se pone es sagrado y evoca su divinidad. Desde una fotografía, hasta el incienso. No porque ese incienso, la vela, la imagen sean sagradas por sí mismas, sino porque evocan la divinidad que está en todo.

Cuando tratemos el altar es bueno tener claro este concepto.

Tipo de altar:

Altar de bendición. Es el más común, para pedir la bendición de la divinidad, de los ángeles, o de nuestros maestros. La fijura centra es la divinidad, o los mismos ángeles, a quien dedicamos las ofrendas. Puede ser también a una persona viva, o a todo el cosmos al completo. Es un lugar para conectar. Este tipo de altares suelen dejarse fijos como una llama encendida que nos ayuda a encontrar luz en los momentos más difíciles.

Altar para una ceremonia concreta: este altar suele ser en función del trabajo que vayamos a realizar.

Altar con sacerdote: suelen ser altares construidos sobre una mesa alargada. El objetivo es que la persona que oficia la ceremonia, encarne a la divinidad misma. Esta persona tiene una jerarquía superior, que suele notarse en su trabaje. En los rituales oscuros, el sacerdote suele ser quien primero se beneficia de los sacrificios, como la sangre y la carne, o su representación en la iglesia católica. Los más cercanos a este sacerdote o las personas de rango superior, suelen ser los que van después, siguiendo un orden específico.

También hay altares con sacerdote que no exigen sacrificios, pero en su mayoría, la figura del sacerdote viene de la representación divina, y es quien oficia el ritual. A través de él llega la bendición a todos los demás. En casos más limpios, el sacerdote puede recibir palabras, energía o luz que llegan a todos los que participan en el ritual.

Dirigir una ceremonia no tiene porqué conyevar el papel de sacerdote. Una persona puede oficiar una ceremonia sin ser representación divina.

Los altares realizados para sacerdotes tienen su origen en Babilonia y Egipto en su mayoría. Los sacerdotes no eran personas cualesquiera, sino personas elegidas por los dioses, o semidioses. Este tipo de altares sobre todo se utilizan en lugares con sacrificios y conservan gran parte de elementos para sacrificios humanos, o en representación de los mismos.

En estos casos, los altares están dirigidos a “enviar” la energía a una divinidad concreta, o a recibir energía de una divinidad concreta.

En los demás casos, los altares sólo son un lugar de poder que canaliza la energía divina, potenciando, purificando, protegiendo o bendiciendo el lugar o a las personas. Pero no desde una divinidad concreta, sino desde la energía Universal.

En el nivel de dioses o deidades, algunas parecen preferir altares sacrificiales, pero muchas otras trabajan con personas y lugares sin querer saber nada de este tipo de altares.

Colocar el altar es todo un ritual en sí mismo, y se realiza justo antes de la ceremonia. Recogerlo, de la misma forma, no puede hacerse hasta que no finalice el trabajo.

Los altares fijos pueden ser activados con incienso, velas, o cambiar las ofrendas en diferentes momentos.

Lugar: El lugar del altar es el centro de la casa o el lugar de más poder.

Mantel: lo primero es el mantel, que protege el lugar y los elementos. Nos ayuda a proteger de energías más densas y negativas a aquello que consideramos sagrado y limpio. El color del mantel dependerá de aquello que queremos trabajar. Negro ayuda a conectar con el vacío y el infinito, hace invisible y nos ayuda a comprender que todos somos vacío por igual. En el camino zen el mantel es negro para evocar la vacuidad. También sirve para hacer invisible algo, se utiliza en rituales negros para que otros seres no logren ver lo que hay sobre el altar.

La carencia de mantel no es un problema siempre que el lugar esté limpio de otras energías, personas, miradas…

Elementos: los altares chamánicos están basados en los elementos. Tienen elemento tierra: minerales o plantas, elemento agua: agua en un vaso, elemento aire: incienso, elemento fuego: la vela y elemento eter: flores. Estos altares se utilizan como protección, porque los elementos en armonía nos ayudan a encontrar equilibrio en nosotros mismos, y si tenemos equilibrio tenemos protección. En cualquier camino que se recupera la conexión con la naturaleza, los elementos en equilibrio impiden que entren entidades, nos ayudan a estar presentes, y sobre todo, nos conectan con la naturaleza esencial de las cosas.

Los puntos cardinales: dentro del altar chamánico, es imprescindible conocer que los puntos cardinales son una representación del camino de la vida. También debemos comprender que la sensación que inspira cada punto cardinal está empañada por la cultura, por ello, algunos chamanes darán un sentido diferente a cada punto cardinal, unos porque lo aprendieron de memoria, otros porque los sintieron y les impulsaron un significado u otro.

El norte es el inicio, la noche en que la semilla aun está bajo la tierra. Es el silencio, el vacío, la psique. Para algunos representa el agua, como el inicio que fluye, para otros es el aire, porque ayuda a conectar con la mente pura y limpia. Aunque lo más común es que represente la tierra. La vida inicia aquí, la manifestación primigenia se sitúa aquí, por ello es la tierra firme y constante que nos ayudará a experimentar el tiempo. En el altar, en el norte se coloca la piedra, los minerales, el libro del conocimiento del que partimos, aquello que represente nuestra voluntad. También aquí se sitúan los protectores, como el oso, el búfalo…

El este es el nacimiento de la luz. En ella sentimos el aire en movimiento, el odio que se despierta. En el altar se colocan plumas, incienso… Se asocia con ese mundo superior, con la luz y la consciencia, con la iluminación. Se colocan ahí los animales que nos ayudan a conectar con la visión como el águila, el halcón, el cóndor… Para muchos representa el aire, porque es la luz de la conciencia, la luz que nos invita al pensamiento consciente, no el vacío de la psique que sentíamos en el norte, sino la mente consciente y lúcida. Por ello se colocan las plumas o el incienso, como sentido del viento. Pero para otros es el fuego, porque es el sol naciente, y colocan ahí la vela y el fuego.

El sur es la dirección del medio día, del momento en que el sol está en su punto más alto. Es la alegría, el amor, la felicidad. Para la mayoría es una representación del agua cálida que fluye en abundancia, es el calor, la energía vital circulando por el cuerpo. Algunos colocan aquí la vela por este hecho, pero normalmente y colocan las ofrendas de alimentos, el agua y semillas que queremos que prosperen.

El oeste es la dirección del final de la luz, el ocaso, la reflexión, la relajación, la liberación. Es la sangre, la muerte, el perdón. Para muchos aquí está el fuego como punto de transformación. En este sentido se coloca aquí la vela, la espada o el dorge o los aliados guerreros.

El último punto cardinal central es el eter o el espacio. Ahí se colocan las flores como símbolo de la vida que concentra los cuatro elementos. Es un lugar luminoso y central donde se sitúa lo que somos y lo que nos representa.

Velas: es el fuego que quema, consume, trasmuta, pero también alimenta y nutre. Como yo lo siento, es bueno primero aprender a cuidar el fuego como energía y fuerza, antes que como lo que quema y destruye. En muchos caminos se hace al revés y es totalmente respetable. Mi elección es que nuestra propia energía vital surge del fuego. Rechazar esa energía o sentir que es lo que nos daña y quema no es tan sabio. Claramente esa energía en descontrol es dañina para todos, pero primero hay que aprender a cuidarla y comprenderla para después comprender como funciona cuando disuelve, mata o quema. Los ciclos del uso del fuego son redondos y perfectos. Por ello se utilizan con ciclos de 3, 6, 9, 12… Pueden ser 3 días, 3 velas, 3 horas, 3 meses… Las velas en el altar pueden servir como algo que ilumina tanto como algo que quema. En ambos casos hay que dirigir esa energía, bendecirla, pedir a la vela, al fuego, que realice ese trabajo.

Cuando la vela se va a utilizar se bendice primero. Se puede utilizar un aceite esencial, aunque algunas personas lo hacen con las manos. 3 veces se hacen círculos en sentido horario en la base y en la parte superior con el dedo untado de aceite esencial. Luego 3 veces se sube la mano desde la base hasta la parte alta por el cuerpo de la vela a través de los cuatro puntos cardinales. Esto significa untar el aceite 3 veces de abajo a arriba de la vela en cuatro líneas norte, sur, este y oeste. Por último, se unta la mecha de la vela tres veces hacia arriba.

El aceite esencial utilizado deberá tener relación con el trabajo que queramos llevar a cabo. Por otro lado, no es tan necesario el aceite esencial, sino comprender que estamos protegiendo y elevando la vibración de la vela, enfocando y dirigiendo su energía. Mientras hagas el trabajo debes poner toda tu intención para el servicio que quieres que te de la vela.

Cuando queremos que la energía elimine, quite, reste energía de algo, por ejemplo, para quitar una adicción y deseas que la vela te ayude a quitar energía a la entidad de la adicción, haces todo el trabajo en dirección antihoraria y en vez de abajo a arriba, de arriba abajo.

Por último, ninguna vela se apaga con agua ni con viento (soplando). Se utilizan los dedos. La idea es no hacer que un elemento luche contra otro.

Incienso: El incienso se utiliza para purificar. Es la representación de la psique, y busca limpiar la mente. Tanto la propia mente como la mente del lugar. Hay inciensos programados, que se fabrican cantando oraciones, mantras, pero lo mejor es que al ponerlo tú mismo proyectes el deseo y la intención de limpiar y purificar el lugar, la propia mente o lo que desees purificar. También se utiliza en algunos viajes astrales para borrar las huellas.

Agua: El agua es fluidez, limpieza, purificación…

Alimentos: los alimentos son ofrendas. El alimento clave suele ser el arroz que representa la abundancia. Pero también se utiliza azúcar, miel, frutas, frutos secos… Mucha gente prefiere poner alimentos que tarden más en ponerse malos, como galletas, semillas, legumbres, cereales… otras personas cambian las ofrendas cada poco tiempo.

Cuencos de ofrendas: Las ofrendas suelen ser 7 cuencos. Se colocan en orden y para algunas tradiciones, como la budista, colocar mal las ofrendas, con un cuenco descolocado, es mal karma. En estos cuencos puedes poner lo que sientas, arroz, lentejas, frutas, agua, azúcar… todos los recipientes deben contener algo, porque es una ofensa un recipiente vacío, pero puedes poner dibujos, velas incluso si no se te ocurre nada más.

Flores: las flores son una ofrenda importante en algunos altares, sobre todo cuando se realizan sanaciones y se trabaja con ángeles. Representan la vida, la belleza, la pureza… Se pueden situar en cualquier lugar del altar, aunque lo común es que se coloquen en el centro. Algunas personas se las dedican directamente a la divinidad principal, otras prefieren ponerlas para todos los ángeles y seres presentes.

Dorge y campana: Dos símbolos importantes dentro de la tradición tibetana son el dorge y la campana, que vienen de la tradición Bon. La tradición bon unió el chamanismo tibetano con el budismo, y muchos otros caminos tibetanos acogieron costumbres chamánicas de estas antiguas tradiciones. Por ello el budismo zen no tiene tantos símbolos, adornos y trabajos chamánicos como el budismo tibetano. El dorge y la campana son símbolos sagrados preciosos, antiquísimos, con gran poder. Para nosotros como base nos interesa saber que el dorge se coloca en la mano derecha o a la izquierda del altar si nosotros nos situamos de frente. Y representa la espada de luz que rompe con la ignorancia. Es la energía masculina, la luz expandiéndose, la conciencia, bendiciendo, expandiendo, iluminando. La campana es el símbolo femenino, que abre el espacio, acoge, llama a la sabiduría sagrada con su sonido. Se recoge con la mano izquiera, o se sitúa en la derecha del altar según lo miramos de frente. En el altar, el dorge y la campana los usa la divinidad suprema, por ello están contrarios a nuestras manos.

Estatua, imágenes: Las estatuas y las imágenes representan la divinidad, son el camino para llegar a ella.

El altar cristiano es totalmente diferente, mucho más místico y construido para que un sacerdote dirija el trabajo, encarnando el papel de la divinidad. La vestimenta y sombrero del sacerdote son porque debe imitar al dios que está personificando al dirigir el ritual. Los altares no pueden estar montados sin un sacerdote, pues entonces su energía se perdería. Tienen un simbolismo mucho más sexual y el centro de ellos es el cáliz, símbolo del útero de la mujer. Encima del cáliz se coloca la hostia, o el alimento que la madre nos entrega. Representa el hijo, el cristo, el cuerpo, la materia. Entre el cáliz y la hostia siempre hay protecciones, son la patena y la palia, o telas que cubren los objetos. Luego están las vinajeras donde está la representación del agua y el vino. El lavabo y manuperio también es una clave cristiana que surgen de la necesidad de que el sacerdote se limpie después del ritual. A diferencia de otras religiones donde el sacerdote se limpia antes, aquí hay un gesto de expiar los pecados cometidos durante la ceremonia. Los objetos no pueden estar desnudos hasta su uso, y sólo los puede sostener el sacerdote encargado para ello. La mesa tiene que ser larga, que quepa un cuerpo tumbado. Es así desde los antiguos sacrificios donde debía estar una persona tumbada, pero también es así por que muchos altares eran un lugar donde el hombre y la mujer mantenían relaciones sexuales en el altar, y así debían tener forma de cama. Por eso estos altares son alargados y con forma de cama.

El altar judío tiene muchas similitudes con el altar cristiano aunque hay algunas diferencias importantes que surgen de la línea de descendencia desde Noe. El menorah por ejemplo, representa el alma del hombre, que es la lámpara de Dios, y son los aspectos esenciales del alma según la tradición judía, así como las luces que debemos iluminar y despertar en nosotros, y sobre todo conservar, intentando que nunca se apaguen. Parece que este símbolo surge cuando Moisés guía a las doce tribus al pie del monte Sinaí, y recibieron la Torá.

El kippah es un elemento de protección esencial y también surge desde el tiempo de Moises. Es una muestra de respeto hacia la divinidad, donde básicamente parece que la persona protege su coronilla y la cubre, para recibir la energía específica en el momento que lo divino considere oportuno, y no intentar caer en la soberbia de tocar con nuestra mente, la mente de Dios.

Los 6 reinos: Algo interesante de extraer de la sabiduría del budismo tibetano, consiste en el conocimiento sobre los 6 reinos del Samsara:

Dioses, devas, humanos, animales, fantasmas y espíritus hambriéntos.

Cada una de estas energías son seres que están estancados en la ilusión del Samsara, sufriendo en función del lugar en el que están.

Los humanos, al estar en el centro, reciben una bendición especial, porque tienen posibilidad de liberarse del samsara, sin embargo, los demás planos están atascados, y algunos viven eternamente en su mundo confundiendose en la ilusión. Los humanos también, al estar en el centro, tienen parte de todos los demás planos, y también pueden tener karma con ellos.

A la hora de realizar un altar, estos otros planos, energías y seres que hay en ellos, es algo que se debe tener en cuenta a la hora de realizar un altar, porque nuestra vida y nuestra conciencia está ligada con ellos.

En el altar, en lo alto, llamamos a los Bhudas, que son aquellos seres que han trascendido el samsara. Les invocamos para que nos bendigan, nos muestren el camino correcto, nos tengan en su mirada atenta y consciente.

Después a los dioses les invocamos para pedir la bendición. Entre ellos hay arcángeles, maestros ascendidos y seres de gran energía y vibración.

A los devas les invocamos para pedir colaboración, pues entre ellos están los ángeles.

Invocamos a las personas con las que estamos conectados karmicamente. Para que se beneficien también de nuestro trabajo, a los que amamos, para que les impulse en su camino, a aquellos con quienes tenemos problemas, para que nuestro trabajo interior les ayude y nos ayude mutuamente a solventar los problemas y karmas en común.

Invocamos a los animales, que son nuestros instintos, nuestros protectores más carnales y físicos. Les pedimos que estén presentes ayudándonos y cuidándonos.

Invocamos a los fantasmas, que son los difuntos de nuestra familia, para que el trabajo que luz que hagamos les ayude en su camino y puedan así trascender su estado y su dolor.

Invocamos a las entidades para que la luz que trabajemos corte la conexión que tenemos con ellos, y así se alejen de nuestras vidas.

Todos los seres pueden tener cabida en nuestra bendición, de tal forma que aquella luz, amor y paz que esté en nuestras vidas, esté por igual en todos cuanto nos rodean,