Construyendo un altar

Un altar es un centro de poder. Un centro energético.

Puede servir como un modo de dirigir la energía en una dirección, o de enfocar la energía que llega, o de canalizar.

Imagina un manantial natural en un monte. Algo así como una fuente sería un altar. Nos ayuda a enfocar y recoger la energía.

Claramente no es necesario, pues la energía divina está en todas partes, pero puede ser un buen hábito para dirigir y comprender cómo funciona la energía.

Al realizar un altar, una de las claves es comprender qué es sagrado. Sagrado es todo aquello que uno piensa y siente que es sagrado. Y ahí funciona bien la imaginación. Cuanto más claro tengas que algo es sagrado así lo será.

Esto se debe a que la energía universal está en todo, expandida, abundante. Todo es realmente sagrado, pero muchas veces lo olvidamos. Un objeto sagrado es aquel que mantiene esta conexión con lo espiritual lo más pura posible. Pero si la energía universal está en todo y todo es sagrado, simplemente tenemos que tratarlo como tal para reconocerlo.

En un altar, todo cuanto se pone es sagrado y evoca su divinidad. Desde una fotografía, hasta el incienso. No porque ese incienso, la vela, la imagen sean sagradas por sí mismas, sino porque evocan la divinidad que está en todo.

Cuando tratemos el altar es bueno tener claro este concepto.

Tipo de altar:

Altar de bendición. Es el más común, para pedir la bendición de la divinidad, de los ángeles, o de nuestros maestros. La fijura centra es la divinidad, o los mismos ángeles, a quien dedicamos las ofrendas. Puede ser también a una persona viva, o a todo el cosmos al completo. Es un lugar para conectar. Este tipo de altares suelen dejarse fijos como una llama encendida que nos ayuda a encontrar luz en los momentos más difíciles.

Altar para una ceremonia concreta: este altar suele ser en función del trabajo que vayamos a realizar.

Altar con sacerdote: suelen ser altares construidos sobre una mesa alargada. El objetivo es que la persona que oficia la ceremonia, encarne a la divinidad misma. Esta persona tiene una jerarquía superior, que suele notarse en su trabaje. En los rituales oscuros, el sacerdote suele ser quien primero se beneficia de los sacrificios, como la sangre y la carne, o su representación en la iglesia católica. Los más cercanos a este sacerdote o las personas de rango superior, suelen ser los que van después, siguiendo un orden específico.

También hay altares con sacerdote que no exigen sacrificios, pero en su mayoría, la figura del sacerdote viene de la representación divina, y es quien oficia el ritual. A través de él llega la bendición a todos los demás. En casos más limpios, el sacerdote puede recibir palabras, energía o luz que llegan a todos los que participan en el ritual.

Dirigir una ceremonia no tiene porqué conyevar el papel de sacerdote. Una persona puede oficiar una ceremonia sin ser representación divina.

Los altares realizados para sacerdotes tienen su origen en Babilonia y Egipto en su mayoría. Los sacerdotes no eran personas cualesquiera, sino personas elegidas por los dioses, o semidioses. Este tipo de altares sobre todo se utilizan en lugares con sacrificios y conservan gran parte de elementos para sacrificios humanos, o en representación de los mismos.

En estos casos, los altares están dirigidos a “enviar” la energía a una divinidad concreta, o a recibir energía de una divinidad concreta.

En los demás casos, los altares sólo son un lugar de poder que canaliza la energía divina, potenciando, purificando, protegiendo o bendiciendo el lugar o a las personas. Pero no desde una divinidad concreta, sino desde la energía Universal.

En el nivel de dioses o deidades, algunas parecen preferir altares sacrificiales, pero muchas otras trabajan con personas y lugares sin querer saber nada de este tipo de altares.

Colocar el altar es todo un ritual en sí mismo, y se realiza justo antes de la ceremonia. Recogerlo, de la misma forma, no puede hacerse hasta que no finalice el trabajo.

Los altares fijos pueden ser activados con incienso, velas, o cambiar las ofrendas en diferentes momentos.

Lugar: El lugar del altar es el centro de la casa o el lugar de más poder.

Mantel: lo primero es el mantel, que protege el lugar y los elementos. Nos ayuda a proteger de energías más densas y negativas a aquello que consideramos sagrado y limpio. El color del mantel dependerá de aquello que queremos trabajar. Negro ayuda a conectar con el vacío y el infinito, hace invisible y nos ayuda a comprender que todos somos vacío por igual. En el camino zen el mantel es negro para evocar la vacuidad. También sirve para hacer invisible algo, se utiliza en rituales negros para que otros seres no logren ver lo que hay sobre el altar.

La carencia de mantel no es un problema siempre que el lugar esté limpio de otras energías, personas, miradas…

Elementos: los altares chamánicos están basados en los elementos. Tienen elemento tierra: minerales o plantas, elemento agua: agua en un vaso, elemento aire: incienso, elemento fuego: la vela y elemento eter: flores. Estos altares se utilizan como protección, porque los elementos en armonía nos ayudan a encontrar equilibrio en nosotros mismos, y si tenemos equilibrio tenemos protección. En cualquier camino que se recupera la conexión con la naturaleza, los elementos en equilibrio impiden que entren entidades, nos ayudan a estar presentes, y sobre todo, nos conectan con la naturaleza esencial de las cosas.

Los puntos cardinales: dentro del altar chamánico, es imprescindible conocer que los puntos cardinales son una representación del camino de la vida. También debemos comprender que la sensación que inspira cada punto cardinal está empañada por la cultura, por ello, algunos chamanes darán un sentido diferente a cada punto cardinal, unos porque lo aprendieron de memoria, otros porque los sintieron y les impulsaron un significado u otro.

El norte es el inicio, la noche en que la semilla aun está bajo la tierra. Es el silencio, el vacío, la psique. Para algunos representa el agua, como el inicio que fluye, para otros es el aire, porque ayuda a conectar con la mente pura y limpia. Aunque lo más común es que represente la tierra. La vida inicia aquí, la manifestación primigenia se sitúa aquí, por ello es la tierra firme y constante que nos ayudará a experimentar el tiempo. En el altar, en el norte se coloca la piedra, los minerales, el libro del conocimiento del que partimos, aquello que represente nuestra voluntad. También aquí se sitúan los protectores, como el oso, el búfalo…

El este es el nacimiento de la luz. En ella sentimos el aire en movimiento, el odio que se despierta. En el altar se colocan plumas, incienso… Se asocia con ese mundo superior, con la luz y la consciencia, con la iluminación. Se colocan ahí los animales que nos ayudan a conectar con la visión como el águila, el halcón, el cóndor… Para muchos representa el aire, porque es la luz de la conciencia, la luz que nos invita al pensamiento consciente, no el vacío de la psique que sentíamos en el norte, sino la mente consciente y lúcida. Por ello se colocan las plumas o el incienso, como sentido del viento. Pero para otros es el fuego, porque es el sol naciente, y colocan ahí la vela y el fuego.

El sur es la dirección del medio día, del momento en que el sol está en su punto más alto. Es la alegría, el amor, la felicidad. Para la mayoría es una representación del agua cálida que fluye en abundancia, es el calor, la energía vital circulando por el cuerpo. Algunos colocan aquí la vela por este hecho, pero normalmente y colocan las ofrendas de alimentos, el agua y semillas que queremos que prosperen.

El oeste es la dirección del final de la luz, el ocaso, la reflexión, la relajación, la liberación. Es la sangre, la muerte, el perdón. Para muchos aquí está el fuego como punto de transformación. En este sentido se coloca aquí la vela, la espada o el dorge o los aliados guerreros.

El último punto cardinal central es el eter o el espacio. Ahí se colocan las flores como símbolo de la vida que concentra los cuatro elementos. Es un lugar luminoso y central donde se sitúa lo que somos y lo que nos representa.

Velas: es el fuego que quema, consume, trasmuta, pero también alimenta y nutre. Como yo lo siento, es bueno primero aprender a cuidar el fuego como energía y fuerza, antes que como lo que quema y destruye. En muchos caminos se hace al revés y es totalmente respetable. Mi elección es que nuestra propia energía vital surge del fuego. Rechazar esa energía o sentir que es lo que nos daña y quema no es tan sabio. Claramente esa energía en descontrol es dañina para todos, pero primero hay que aprender a cuidarla y comprenderla para después comprender como funciona cuando disuelve, mata o quema. Los ciclos del uso del fuego son redondos y perfectos. Por ello se utilizan con ciclos de 3, 6, 9, 12… Pueden ser 3 días, 3 velas, 3 horas, 3 meses… Las velas en el altar pueden servir como algo que ilumina tanto como algo que quema. En ambos casos hay que dirigir esa energía, bendecirla, pedir a la vela, al fuego, que realice ese trabajo.

Cuando la vela se va a utilizar se bendice primero. Se puede utilizar un aceite esencial, aunque algunas personas lo hacen con las manos. 3 veces se hacen círculos en sentido horario en la base y en la parte superior con el dedo untado de aceite esencial. Luego 3 veces se sube la mano desde la base hasta la parte alta por el cuerpo de la vela a través de los cuatro puntos cardinales. Esto significa untar el aceite 3 veces de abajo a arriba de la vela en cuatro líneas norte, sur, este y oeste. Por último, se unta la mecha de la vela tres veces hacia arriba.

El aceite esencial utilizado deberá tener relación con el trabajo que queramos llevar a cabo. Por otro lado, no es tan necesario el aceite esencial, sino comprender que estamos protegiendo y elevando la vibración de la vela, enfocando y dirigiendo su energía. Mientras hagas el trabajo debes poner toda tu intención para el servicio que quieres que te de la vela.

Cuando queremos que la energía elimine, quite, reste energía de algo, por ejemplo, para quitar una adicción y deseas que la vela te ayude a quitar energía a la entidad de la adicción, haces todo el trabajo en dirección antihoraria y en vez de abajo a arriba, de arriba abajo.

Por último, ninguna vela se apaga con agua ni con viento (soplando). Se utilizan los dedos. La idea es no hacer que un elemento luche contra otro.

Incienso: El incienso se utiliza para purificar. Es la representación de la psique, y busca limpiar la mente. Tanto la propia mente como la mente del lugar. Hay inciensos programados, que se fabrican cantando oraciones, mantras, pero lo mejor es que al ponerlo tú mismo proyectes el deseo y la intención de limpiar y purificar el lugar, la propia mente o lo que desees purificar. También se utiliza en algunos viajes astrales para borrar las huellas.

Agua: El agua es fluidez, limpieza, purificación…

Alimentos: los alimentos son ofrendas. El alimento clave suele ser el arroz que representa la abundancia. Pero también se utiliza azúcar, miel, frutas, frutos secos… Mucha gente prefiere poner alimentos que tarden más en ponerse malos, como galletas, semillas, legumbres, cereales… otras personas cambian las ofrendas cada poco tiempo.

Cuencos de ofrendas: Las ofrendas suelen ser 7 cuencos. Se colocan en orden y para algunas tradiciones, como la budista, colocar mal las ofrendas, con un cuenco descolocado, es mal karma. En estos cuencos puedes poner lo que sientas, arroz, lentejas, frutas, agua, azúcar… todos los recipientes deben contener algo, porque es una ofensa un recipiente vacío, pero puedes poner dibujos, velas incluso si no se te ocurre nada más.

Flores: las flores son una ofrenda importante en algunos altares, sobre todo cuando se realizan sanaciones y se trabaja con ángeles. Representan la vida, la belleza, la pureza… Se pueden situar en cualquier lugar del altar, aunque lo común es que se coloquen en el centro. Algunas personas se las dedican directamente a la divinidad principal, otras prefieren ponerlas para todos los ángeles y seres presentes.

Dorge y campana: Dos símbolos importantes dentro de la tradición tibetana son el dorge y la campana, que vienen de la tradición Bon. La tradición bon unió el chamanismo tibetano con el budismo, y muchos otros caminos tibetanos acogieron costumbres chamánicas de estas antiguas tradiciones. Por ello el budismo zen no tiene tantos símbolos, adornos y trabajos chamánicos como el budismo tibetano. El dorge y la campana son símbolos sagrados preciosos, antiquísimos, con gran poder. Para nosotros como base nos interesa saber que el dorge se coloca en la mano derecha o a la izquierda del altar si nosotros nos situamos de frente. Y representa la espada de luz que rompe con la ignorancia. Es la energía masculina, la luz expandiéndose, la conciencia, bendiciendo, expandiendo, iluminando. La campana es el símbolo femenino, que abre el espacio, acoge, llama a la sabiduría sagrada con su sonido. Se recoge con la mano izquiera, o se sitúa en la derecha del altar según lo miramos de frente. En el altar, el dorge y la campana los usa la divinidad suprema, por ello están contrarios a nuestras manos.

Estatua, imágenes: Las estatuas y las imágenes representan la divinidad, son el camino para llegar a ella.

El altar cristiano es totalmente diferente, mucho más místico y construido para que un sacerdote dirija el trabajo, encarnando el papel de la divinidad. La vestimenta y sombrero del sacerdote son porque debe imitar al dios que está personificando al dirigir el ritual. Los altares no pueden estar montados sin un sacerdote, pues entonces su energía se perdería. Tienen un simbolismo mucho más sexual y el centro de ellos es el cáliz, símbolo del útero de la mujer. Encima del cáliz se coloca la hostia, o el alimento que la madre nos entrega. Representa el hijo, el cristo, el cuerpo, la materia. Entre el cáliz y la hostia siempre hay protecciones, son la patena y la palia, o telas que cubren los objetos. Luego están las vinajeras donde está la representación del agua y el vino. El lavabo y manuperio también es una clave cristiana que surgen de la necesidad de que el sacerdote se limpie después del ritual. A diferencia de otras religiones donde el sacerdote se limpia antes, aquí hay un gesto de expiar los pecados cometidos durante la ceremonia. Los objetos no pueden estar desnudos hasta su uso, y sólo los puede sostener el sacerdote encargado para ello. La mesa tiene que ser larga, que quepa un cuerpo tumbado. Es así desde los antiguos sacrificios donde debía estar una persona tumbada, pero también es así por que muchos altares eran un lugar donde el hombre y la mujer mantenían relaciones sexuales en el altar, y así debían tener forma de cama. Por eso estos altares son alargados y con forma de cama.

El altar judío tiene muchas similitudes con el altar cristiano aunque hay algunas diferencias importantes que surgen de la línea de descendencia desde Noe. El menorah por ejemplo, representa el alma del hombre, que es la lámpara de Dios, y son los aspectos esenciales del alma según la tradición judía, así como las luces que debemos iluminar y despertar en nosotros, y sobre todo conservar, intentando que nunca se apaguen. Parece que este símbolo surge cuando Moisés guía a las doce tribus al pie del monte Sinaí, y recibieron la Torá.

El kippah es un elemento de protección esencial y también surge desde el tiempo de Moises. Es una muestra de respeto hacia la divinidad, donde básicamente parece que la persona protege su coronilla y la cubre, para recibir la energía específica en el momento que lo divino considere oportuno, y no intentar caer en la soberbia de tocar con nuestra mente, la mente de Dios.

Los 6 reinos: Algo interesante de extraer de la sabiduría del budismo tibetano, consiste en el conocimiento sobre los 6 reinos del Samsara:

Dioses, devas, humanos, animales, fantasmas y espíritus hambriéntos.

Cada una de estas energías son seres que están estancados en la ilusión del Samsara, sufriendo en función del lugar en el que están.

Los humanos, al estar en el centro, reciben una bendición especial, porque tienen posibilidad de liberarse del samsara, sin embargo, los demás planos están atascados, y algunos viven eternamente en su mundo confundiendose en la ilusión. Los humanos también, al estar en el centro, tienen parte de todos los demás planos, y también pueden tener karma con ellos.

A la hora de realizar un altar, estos otros planos, energías y seres que hay en ellos, es algo que se debe tener en cuenta a la hora de realizar un altar, porque nuestra vida y nuestra conciencia está ligada con ellos.

En el altar, en lo alto, llamamos a los Bhudas, que son aquellos seres que han trascendido el samsara. Les invocamos para que nos bendigan, nos muestren el camino correcto, nos tengan en su mirada atenta y consciente.

Después a los dioses les invocamos para pedir la bendición. Entre ellos hay arcángeles, maestros ascendidos y seres de gran energía y vibración.

A los devas les invocamos para pedir colaboración, pues entre ellos están los ángeles.

Invocamos a las personas con las que estamos conectados karmicamente. Para que se beneficien también de nuestro trabajo, a los que amamos, para que les impulse en su camino, a aquellos con quienes tenemos problemas, para que nuestro trabajo interior les ayude y nos ayude mutuamente a solventar los problemas y karmas en común.

Invocamos a los animales, que son nuestros instintos, nuestros protectores más carnales y físicos. Les pedimos que estén presentes ayudándonos y cuidándonos.

Invocamos a los fantasmas, que son los difuntos de nuestra familia, para que el trabajo que luz que hagamos les ayude en su camino y puedan así trascender su estado y su dolor.

Invocamos a las entidades para que la luz que trabajemos corte la conexión que tenemos con ellos, y así se alejen de nuestras vidas.

Todos los seres pueden tener cabida en nuestra bendición, de tal forma que aquella luz, amor y paz que esté en nuestras vidas, esté por igual en todos cuanto nos rodean,

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