Equidad

La equidad es comprendida tras la experiencia consciente que nace en la mirada sin diferenciación.

El trabajo consiste en aprender a desarrollar una mirada de impermanencia y equidad con el mundo, sin la necesidad de distinción ni categorización del mundo que nos rodea.

En la meditación lo mejor es colocarse con los ojos abiertos,en parte para estar despiertos en el aqui y ahora, y en parte para desarrollar una forma de mirar equitativa, global. Que no se pose sobre nada en especial, que no tenga la necesidad de identificar y catalogar todo cuanto le rodea. Una mirada libre de distinciones, juicios y definiciones.

La mirada se convierte entonces en un oceano de luz, que es capaz de ver sin ver, y allá donde no hay nada encuentra todo y allá donde parece que hay algo, no ve nada.

1. El primer ejercicio y más sencillo es dedicar un día a observar cada cosa como si fuese igual en valor, pues realmente, todo es lo mismo en esencia, todo tiene la misma luz, la misma fuente, la misma inteligencia divina. Dejamos de dividir tanto e iniciamos un viaje hacia una mirada sin categorización. La lampara es lo mismo que el jarrón, que es lo mismo que la montaña, que es lo mismo que la persona, que es lo mismo que ese objeto, que es lo mismo que el aire, que es lo mismo que nada. Posamos la mirada en todo, no evadimos la realidad que tenemos al frente, sin embargo estamos en paz en cada visión o percepción. La semana que elijamos trabajar la visión sin distinción estaremos enfocados en el objeto. La meditación y el día está centrado en la no diferenciación y no discriminación del objeto. Nuestra atención y enfoque se dirige desde el objeto externo al sujeto que observa.

El resultado de este ejercicio es dejar de necesitar identificar.

2. El siguiente ejercicio consiste en observar las personas y animales como la misma energía divina por igual. No intentamos dar más valor a unos que a otros. Todo es luz por igual.Durante la semana que elijamos este ejercicio igualmente estamos trabajando un enfoque desde el objeto, no desde el sujeto ni desde el lugar. Esta disción del enfoque es clave para realizar bien el ejercicio.

Al realizar el ejercicio posiblemente nos iremos encontrando con cada juicio que durante años hemos estado realizando de cosas y personas, todas las distinciones, todos los problemas que de ellos surgieron. Es más, muy probablemente podremos distinguir como dichos juicios no nos permiten observar la realidad y disfrutar la experiencia pura.

Durante esta semana con este trabajo es importante no dejarse arrastrar por los juegos mentales de otras personas, ni sus difamaciones ni sus ataques. Ignorar, observar desde otro lugar, o apartarse, a fin de no posicionarse, ni intentar calmar al otro, ni juzgar, ser puramente neutral y no invadirnos por las emociones desbordadas de la otra persona.

3. El último ejercicio consiste en disolver toda dualidad en la visión de nuestro entorno, ayudándo esto a no diferenciar pero tampoco a no perturbar la mente con todas las distinciones y apariencias del mundo. La semana que nos centremos en este ejercicio estaremos en el sujeto. En el exterior ocurren cosas, apariencias, visiones, sin embargo nos preguntamos ¿cómo estoy yo ante ellas? ¿En qué me convierto? ¿Cómo me disuelvo cuando me convierto en mirada? Si hemos realizado las otras semanas previas el trabajo adecuadamente, a la hora de realizar este ejercicio neustro corazón estará suficientemente abierto y nuestra mente en calma para profundizar en un trabajo neutral y completo. Debemos comprender que estas tres semanas son una guía, algunas personas necesitarán para realizar este ejercicio un año, otras toda una vida, otras un día. Consiste en lograr que las apariencias no alteren nuestra psique, logrando desarrollar una quietud y ecuanimidad arraigada y completa. No relativa a un momento determinado, sino profunda

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