Espacio – visión

Espacio – Visión

La tercera cualidad de la mente iluminada es la capacidad ilimitada o el espacio donde se expande la conciencia: la espaciosidad de la mente.

Todo el Universo es inteligente, todo tiene una conciencia que constantemente se expande y se contrae en una íntima respiración de sí misma.

Lenguaje universal

Comunicarse con el Universo es aprender a observar, sentir y escuchar esta inteligencia divina.

Puedes aprender a comprender esto percibiendo como se comunican las partes del cuerpo entre ellas. Como se comunican los músculos, los huesos, como se comunica el cuerpo de una persona con sus cercanos, y más allá como se comunica tu cuerpo con todo lo que te rodea.

Sanar a veces sólo es escuchar y permitir esa comunicación. En estos casos el sanador tan sólo hace de escucha y permite que el dolor se exprese a fin de que las partes del cuerpo contraídas se abran y escuchen, disolviendo la tensión y recuperando el equilibrio natural.

Recuerda que todas las cosas que te rodean se comunican. Todo lo que te rodea tiene alma: las piedras, el aire, las plantas, las personas, las montañas, el agua….  Todo tiene una conciencia que nos observa con amor, capaz de escucharnos y comunicarse.

Puedes conocer el alma de las cosas, y sólo al aprender a amar esa realidad para el Universo te hable a través de ella

Abandona la lucha constante y permite que la conciencia universal te empuje en armonía con el Universo hacia el despertar.

Prácticas para escuchar el lenguaje del Universo

El lenguaje del universo es lo que permite que todas las cosas convivan en armonía. Toda expansión, contracción, transformación, está gobernada por esta armonía.

  • En el primer ejercicio intenta percibir por todos los sentidos a la vida. Sitúate en un lugar de la naturaleza y comienza a sentir por todos los poros de tu piel, a la vez escucha, a la vez olfatea, a la vez degusta, y a la vez deja que las impresiones visuales lleguen a ti. Desde todos los sentidos percibe a la vez. Cargándote de presencia y energía.
  • En el segundo ejercicio intenta recordar en qué momento tu naturaleza interna te ha querido decir algo. Intenta descubrir esos momentos en que ha ocurrido algo que sentía que podía ser una señal que tú mismo te estabas dando.
  • En el siguiente ejercicio medita en lo que te rodea observando la danza armoniosa de todo cuanto te rodea. Tan sólo contempla tu alrededor.

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