Imagen personal

La imagen que planteamos ante el mundo habla mucho de nosotros. De lo que esperamos de otros, de lo que sentimos por dentro.

Cuando una persona gasta mucho tiempo en adecuar su imagen, tal vez haya una carencia de autoestima y autovaloración. Es probable que nos haga sentirnos mejor cuando nos arreglamos y las demás personas nos ven hermosos, cuando nos alagan o cuando al caminar, hablar o estar, conquistamos a las demás personas con nuestro encanto. Pero esto no significa que nos sintamos mejor con nosotros mismos.

Aquella persona que realmente necesita conquistar a otras personas, que coquetea constantemente o que necesita la adulación de otras personas, claramente se siente vacía por dentro.

De manera instintiva intenta comportarse más llamativa y hermosa ante otras personas. O continúa coqueteando con sus relaciones del pasado.

En el otro extremo, tal vez por algún conflicto de desamor, de abandono o de abuso en la infancia, hay personas que buscan en su imagen que piensen mal de ellas.

Se visten, se arreglan o desarreglan, esperando que los demás les rechacen, que piensen mal en ellos o que les critiquen.

Así desde jóvenes puedemos buscar un atuendo más femenino o masculino para rechazar la propia sexualidad, no desde una tendencia homosexual natural, sino por un conflicto de abuso sin resolver. Y muchas veces en esa joven que no se asea ni se arregla podemos ver signos de abuso sexual, o en ese joven que se arregla demasiado femenino y rechaza toda su masculinidad, puede haber un abuso o un reflejo de rechazo de sus padres.

Vestirse para ir desnudo

La belleza natural, la postura en equilibrio, incluso la naturalidad y tranquilidad con el cuerpo y con uno mismo surge fácilmente cuando nos vestimos y caminamos por la vida, no pensando en ir vestidos y tapados, sino en ir desnudos. Con este ejercicio busca dejar de utilizar tu vestimenta y tu apariencia externa como una forma de esconderte, o de disfrazarte o de provocar, sino para estar en afinidad con tu cuerpo y con tu vida.

Al menos en tres ocasiones consecutivas realiza este ejercicio, y a lo largo del día recuerda que no vas vestido, que vas desnudo. No se trata de pensar en que te están mirando desnudo, sino en la conciencia que tienes de tu cuerpo en todo momento.

Al tercer día es probable que te sientas más seguro de ti, que tu postura sea más elegante o que incluso empieces a desechar gran parte de complementos y atuendos que utilizas para tapar tus emociones.

Camina, habla, conduce, cocina, mira al otro a los ojos sintiendo que tu ropa no está ahí. Que eres tú, tal cual eres. Natural. Tu postura se tornará erguida, tu mente se aclarará. Tu mirada se volverá más transparente y lúcida. También podrás comprender tus propias intenciones en las relaciones, tus temores, tu necesidad de esconderte, tu necesidad de provocar en otros emociones dispares, de acaparar la atención… Y observándote en tus actos diarios podrás modificarlos con conciencia y naturalidad.

Cuando me visto pensando en ir desnudo me gusta que mi ropa sea:…

Cuando siento que estoy desnudo ante las personas noto los siguientes cambios:…

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