La proyección mental

El viaje interior

Una proyección mental puede confundirse fácilmente con una fantasía o pura imaginación. Es distinta a una proyección astral, porque es más sutil, hay menos intensidad, color, emoción en ella.

Mientras hacemos el viaje, existe certeza, olemos, tocamos y sentimos. Si vemos a una persona la podemos acariciar, tocar y sentir y sabemos que está ahí, sabemos que esa persona, una parte de esa persona, está en nuestro viaje mental, cuando volvemos a esta realidad, en cambio, sentimos que no nos ha salido bien, creemos que todo ha podido ser imaginado y nos vemos lejos de lograr realizar un viaje real.

No existe una línea definida entre la imaginación y la realidad, en diferentes planos o diferentes estados de conciencia no existe esa línea, lo único que nos dice que lo que vemos es real, es nuestro corazón. Si lo hemos vivido, para nosotros, es real.

Màs adelante podremos encontrar sentido, significado a lo que ocurrió, si era imaginación, qué nos quería decir la mente, y si era real, porqué hemos vivido esa realidad.

Ejercicio

Existe un pequeño truco para realizar un viaje mental con niños, un truco “mágico”. No se debe abusar de él pues es bueno separarse del cuerpo lentamente, pero puede usarse en los primeros viajes para potenciar la creencia en que de verdad se viaja internamente.

Consiste en visualizar claramente algo, por ejemplo la hierba de un campo, o agua de una fuente, visualizarlo como si realmente estuviésemos allí, tocarlo, olerlo. Sentir la claridad en esa visión y al instante, ya estamos allí. De esta forma podemos viajar incluso a otros planetas sin apenas darnos cuenta, sirve igualmente para vidas pasadas, para viajar al vientre materno o para ir a la Red Crística.

Ejercicio Un viaje imaginario

Este ejercicio puede ayudar a tener grandes sueños conscientes y viajes mentales durante la noche. Se trata de un divertido juego que durará toda una noche.

Durante la tarde elegir un lugar al que viajar: un templo especial, la casa del mago Merlín, una ciudad de luz, un monte sagrado… Buscar un lugar que consideréis sagrado y al que os gustaría ir. Apagar todos los aparatos de la casa, sobre todo teléfonos y pantallas. Taparlas a ser posible. Podéis hacerlo con colchonetas o en un dormitorio, he imaginar que váis a ese lugar. Teatralizar el viaje: en coche, en avión, en tren… es bueno llegar por “la noche” apagando todas las luces y aprovechando linternas.

Cuando llegués acampar. Imaginar que acampáis. Puede ser la habitación de la casa elegida, o con colchonetas si tenéis. Preparar igual que si os fueseis de acampada. Podéis sacar bocadillos de cena o lo que sea para entrar mejor en la proyección mental a ese lugar.

Pedir permiso a ese lugar para estar ahí y utilizar la imaginación para estar en ese lugar.

Después de un rato dormir imaginando que dormis en ese lugar. Pidiendo a ese espacio que os ayude y guie, que os de respuestas a través de los sueños.

En la mañana podéis agradecer ese espacio y regresar mentalmente a casa.

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