Niños que ven devas y elementales

Los devas y los elementales

Existen los devas y los elementales. Siempre existieron y siempre formarán parte de la vida en la Tierra. Ellos crean y confrontan el gran entramado de la realidad, son la energía vital que da aliento a la Tierra.

Verlos y sentirlos es una experiencia personal que se puede generalizar y globalizar cuando la visión ya es muy clara. Pero al principio, cada persona experimenta una visión personal, única.

Niños y devas

Los devas se reconocen como los seres angélicos del planeta. Ellos soplan la vida sobre la realidad. Pocas veces hablan a las personas más que cuando tienen un mensaje o una enseñanza.

No hay dos ángeles iguales y no se identifican más allá de tu amigo, tu ángel o tu guardián. Pocas veces dan nombres pues no los necesitan, ellos son todos Uno y están al servicio de la Luz entregándose incondicionalmente al Amor y al mensaje divino de unidad.

Los niños ven a los devas desde el nacimiento y pocos son los que recuerdan esta visión pero ya desde el primer día de vida, el ser que viene a la vida con claridad puede ver e identificar los ángeles y arcángeles que acompañan a las personas o a él o ella.

Los ven de colores, como luces o esferas de luz, grandes y pequeños, normalmente por encima de las personas, cuando estas están enfermas o arrastran algún trauma les verán a su lado. No suelen hablar, solo les sonríen en amor, abrazan y saludan mostrando toda su luz y calor.

Los niños que hablan con ángeles es porque reciben mensajes de aliento, suelen ser breves, concisos, a veces enseñanzas y casi siempre en momentos de serenidad, de claridad. Los reciben con una gran certeza y no son mensajes extravagantes sino más bien aclaraciones y palabras de alivio.

Los ángeles no mantienen conversaciones salvo rara vez, casi siempre dan su mensaje, lo más breve posible, y se ponen a un lado de la vida. Cuando un mensaje de un ángel es largo, hablo de más de 4 frases, es porque la persona lo va a transcribir o a compartir de algún modo. De otra forma no darían un mensaje pues sería información que se perdería. Tampoco dan información efímera, solo destellos de luz para el corazón.

Los niños siempre están rodeados de muchos ángeles, sobre todo hasta los 7 y 8 años, momento en que el cuerpo emocional está acabando de formarse. Esta edad es clave para trabajar con el niño la compasión, la unión y el sentimiento de hermandad. La conciencia despierta en la persona, se forma el Yo, el niño vive en creatividad, en la conciencia del alma y puede reconocer e identificarlo, y a la vez, se forman las emociones, se crea la historia, el verdadero rol que identificará a la persona durante su vida.

Niños y Elementales

Los Elementales son aquellos seres que trabajan en la formación de la vida etérica, astral y mental. Son mucho más cercanos a las personas por sus emociones, experiencias, energía…

Ciertos elementales son de una gran sutileza y muy pocas personas pueden tener contacto con ellos, otro en cambio son densos e imitan las decadencias humanas.

Los niños que se comunican con los elementales saben cuándo va a llover, se paran ante un río antes de bañarse y reconocen que en el océano hay algo mucho más grande que ballenas. Son sensibles en el bosque y sonríen ante las flores.

Niños bendecidos por los elementales

Como caso especial encontramos niños que siempre son acompañados por muchos elementales y devas. Siempre tienen hadas a su alrededor, duendes del dinero y la fortuna, siempre les acompaña la suerte, el amor, los minerales a su lado brillan más y de una forma u otra consiguen lo que desean.

Son personas con cierta alegría que puede parecer inocente, pícaros en muchos casos y amorosos y sensibles en el fondo. Necesitan de la naturaleza para vivir, el monte cuanto más alto mejor, los ríos fríos y las corrientes de agua. Necesitan caminar sobre la tierra y sentir tranquilidad y vida.

Incluso a veces pueden tener un unicornio cerca o un silfo trayendo lluvia en el momento oportuno.

Se trata de una bendición, son personas que trabajan en alimentar el planeta tierra. Con su amor, traen energía Celeste a la Tierra y son recompensados por estos seres, quienes les acompañan para que no les falte fortuna, suerte, alegría o buenas amistades.

Estos seres se pueden convertir en buena compañía en estos casos, pero aquí, se podrá comprobar cómo no hay conversación, sino revoloteo, comprensión, alegría, o silencio.

Cuando cortar la comunicación

Es posible mantener conversaciones con ciertos elementales, pero algunos, al igual que las personas, tienen adiciones emocionales y se pueden llegar a “enganchar” a la vida humana apegándose a su amigo o amiga y no permitiendo que llegue a crecer. De estos amigos hay que desenganchar a los niños.

Es importante que los niños que tienen contacto con elementales sepan que existen algunos duendes y hadas, que querrán hacerse más amigos de ellos, y tienen que permitirles y dejarles ser libres.

Los elementales tienen una labor planetaria, trabajan en la formación de la materia etérica, astral, emocional, mental… en el planeta el hombre ha dedicado sus últimos años a destruir esa materia, esas creaciones dévicas y elementales. Esto ha originado que muchos elementales pierdan su rumbo y se identifiquen con sentimientos y emociones sociales humanos. Igual que existen elementales para los bosques, también los hay para las ciudades, para las casas, el cemento tiene elementales propios y no son tan comunicativos ni hermosos como las hadas de las flores. Los bonsáis tienen su propio duende y suelen ser traicioneros y caprichosos, igual ciertas plantas de jardín manipuladas y retorcidas.

El comunicarse con unos elementales u otros cambia radicalmente para una persona. Por ello recomiendo animar al niño o la niña a que comparta esa comunicación, esas conversaciones, y a partir de los resultados de esas conversaciones o encuentros, cortar la comunicación o no.

Los niños han de aprender que cada uno tiene su lugar, su reino y su labor y hay que permitir que los duendes sigan su camino, se queden en los bosques, en el jardín de la casa, en las fuentes, en el cielo, en el océano…

Trabajar con niños que se comunican con devas y elementales

Un buen trabajo consiste en aprender a distinguir lugares energéticos, seres o personas que también tienen se comunican con elementales y devas.

El trabajo consiste en la observación, no en la comunicación. En la exploración de lugares y los seres que habitan en ellos y luego la diferenciación de unos y otros.

Luego, la lectura de leyendas y cuentos sobre elementales puede ayudar a comprender como diferentes culturas de todos los tiempos han reconocido a estos seres, los han visto, diferenciado e incluso se han comunicado con ellos.

El dibujar a estos seres, sobre todo a hadas o ángeles, ayuda a abrir las puertas del corazón al amor y la serenidad.

Trabajo avanzado

Como trabajo avanzado está el visualizar los elementales según el medio, los silfos ante las tormentas, las ondinas de los ríos u otros característicos y entablas una comunicación sencilla. Algo ingenuo y fácil como preguntar el motivo de su presencia.

Luego se puede pedir a los silfos que se alejen en caso de que no queramos una tormenta, o a los elementales del fuego que se aparten y se aflojen.

Podemos también pedir que nos muestren su lugar de descanso o que canten para nosotros en caso de que estemos trabajando con adolescentes.

El trabajo de comunicación no es recomendable hacerlo con menores de 8 años sino son niños que ya han tenido comunicación directa con estos seres y sean muy despiertos.

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