Niños que ven fallecidos

La muerte

Una de las cosas que más asusta a un padre o un adulto es un niño que diga ver y hablar con difuntos. Por ello dedico aquí un apartado especial que aunque breve puede ayudar a entender qué ocurre en estos planos.

Las personas tenemos diferentes cuerpos sutiles, no sólo un cuerpo físico y un alma, como bien sabemos, también tenemos el cuerpo astral, mental, causal, etérico, etc. Ocurre que no siempre fallecen todos los cuerpos a la vez ni todas las partes de uno mismo.

La muerte es un proceso lento y lleva un tiempo en los diferentes cuerpos. Un cuerpo etérico puede tardar unos 2 o 3 años en deshacerse, a veces incluso más, sobre todo si la persona recibe sanación o algún tratamiento energético para alargar su vida.

El cuerpo astral es un cuerpo muy sutil, puede fallecer en cuestión de minutos, pero a veces queda “enganchado” en experiencias internas pasar años o décadas hasta que termine de elevarse. Algunas personas incluso, cuando realizan trabajos para elevar su conciencia, pueden llegar a encontrarse con antiguos astrales de vidas pasadas que quedaron perdidos en la tierra, pero en este caso siempre se trata de personas que en aquellas vidas jugaron con la vida, la muerte y la magia para lograr eternidad o para quedarse en este plano manteniendo parte de lo que fueron, como en el caso de las momias y los faraones que buscaban eternidad.

El cuerpo emocional suele tardar unos 3 o 4 días en limpiarse y deshacerse, pero este cuerpo se agarra firmemente al cuerpo astral y etérico y no permite que la parte más consciente se desvincule de sus emociones más densas.

Entonces, cuando la persona fallece, mientras su cuerpo emocional continúe agarrado fuertemente a lo que fue, al ser de luz le costará mucho dar ese paso de vuelta al hogar y tenderá a revivir una y otra vez las mismas emociones.

Estos casos me refiero a personas adultas, a partir de 16 o 17 años, nunca antes, que han vivido fuertes traumas o han mantenido adiciones emocionales muy fuertes, como el caso de la ira, el miedo, grandes depresiones, orgullo… o que han vivido una muerte brusca, muy fuerte emocionalmente, y en último extremo, personas que a su alrededor, los parientes continúan agarrados al dolor de la separación y la culpa, avivando más sus emociones y manteniéndoles en un plano intermedio.

La despedida del alma

Lo normal y más adecuado es que la persona, justo tras fallecer, esté hasta 3 o 4 días despidiéndose de todos los lugares y personas con las que vivió. Esta despedida marca una separación, ayuda a desvincularse de todo lo que fue y permite al alma abrir las alas para elevarse al cielo.

Estos días pueden ocurrir en cualquier momento de un coma, justo tras el fallecimiento o meses y años tras la muerte, después de que la persona haya superado su tiempo viviendo entre planos.

La visión y el sentimiento de la presencias de un ser en este momento es claro, cercano y grato.

Se reconoce y se siente al instante su presencia, quién es y qué está haciendo. Se siente que esa persona está elevando sus alas, que está rodeada de presencia angélica con mucha luz, y se sabe que está despidiéndose, pero no alejándose para siempre, sino abrazándonos y agradeciendo los momentos de vida que pasamos juntos.

Esta despedida la viven los familiares y es muy probable que un niño espiritual o sensible capte estos momentos incluso antes de que se vayan a producir.

 El fallecido con miedo

En muchas ocasiones podemos encontrar a seres a medio camino con miedo o un gran trauma posterior a la muerte. A veces es por el accidente que pudo haber, otras por la despedida y en la mayoría de las ocasiones, por la vivencia que hubo los meses antes de morir. Este tiempo se hace más difícil con el trauma que pueda vivir la familia.

La persona que ha fallecido a veces no recuerda su nombre, ni su pasado, ni sabe con detalle donde está, únicamente revive la emoción, el miedo. No reconoce a las personas pues su cuerpo mental se disipa, su mente se fue, su inteligencia se fue. Sólo queda experiencia pura.

En el caso de jóvenes hasta 20 años, pocas veces permiten que este tiempo sea mayor de 2 o 3 años, pero en el caso de adultos pueden pasar hasta 20 o 30 años antes de que partan completamente de la vida humana.

La manera de percibir a estos seres es muy diversa.

Si hace sólo unos pocos meses de su fallecimiento, conservará cuerpo etérico, será una presencia densa, perceptible. Tendrá ligeros recuerdos y a veces puede incluso creer que está vivo aunque soñando o perdido.

La visión es borrosa, como una sombra, a veces colores del traje, manchas rojas, grises u otras nubes de colores que no son más que colores del cuerpo emocional que interpretamos como trajes o manchas de sangre. Sólo los primeros días tras un fallecimiento podemos ver claramente el cuerpo de la persona tal cual fue, y nunca según quedó en el accidente o en el momento de la muerte, sino como estaba el cuerpo etérico.

Veremos gris y sombras por la densidad del plano donde se mantiene la persona y rara vez veremos sus pies, señal de que su cuerpo etérico se está disolviendo poco a poco.

Cuando vemos la sombra o a la persona claramente, pero rodeada de ligeras sombras con un movimiento rápido, se nos muestra que está viviendo en planos muy densos y atrapados por miedos muy profundos, para ayudar a que parta hay que deshacer toda esa oscuridad que hay en su interior.

Rara vez estas sombras se mueven y su movimiento es lento, casi siempre acompañado por el de la persona a quien siguen. Como observando una película se quedan estáticos en el tiempo y espacio. Así permiten que las emociones, el cuerpo etérico y los pensamientos vayan disolviéndose.

Aquellos que viven en lugares donde hay silencio, pureza y tranquilidad, rápidamente realizan este trabajo, aquellos que se mantienen en lugares con tensión, miedo o desgracias, continuarán más entre planos.

La otra forma de captarlos es cuando de pronto se siente un frio energético, como la presencia de algo sin vida, con ausencia de cuerpo y materia, esto viene junto con un sentimiento emocional muy fuerte que es aquello que está sintiendo el fallecido. Casi siempre es miedo, soledad, vacío…

Muchas veces se arriman a ciertas personas con una increíbles ganas de hablar, de conversar, otras veces su miedo les conduce a un lugar cálido, una persona con un aura cálida. Pueden mantenerse durante años entre planos y todo depende de lo que ellos quieran continuar viviendo sus emociones más pesadas.

Es importante señalar a los videntes, sobre todo el caso de niños, que para nada hay que “hablar” ni avivar su miedo, sino dejar que se pasen sus emociones.

Los entes, como siempre se ha llamado a las personas que fallecen, están en un sueño, perplejos y perdidos. No debemos tenerles miedo sino simplemente ayudarles a ascender, permitirles seguir su camino trasmitiéndoles paz a su espíritu.

Ellos se quedan enganchados a las grandes auras, brillantes y amorosas, es una ley hermosa natural para permitirles avanzar en su camino, por ello es normal que los niños, con un aura muy pura, les vean, les distingan y les sientan cerca, aquellos que han fallecido drásticamente realmente necesitan esa tranquilidad y alegría que actualmente pocos adultos mantenemos.

Es propio explicar esto al niño, básicamente a partir de los 8 años esta experiencia poco a poco se disipará según el niño deje atrás su inocencia y su pureza, pero en el caso de los pequeños maestros que mantienen esa luz en sí mismos durante toda su vida, continuarán viviendo esta experiencia.

Si el niño, joven o adulto de luz, mantiene su espíritu en alegría, en paz interior, rara vez contemplará ni sentirá entes a su alrededor, pues simplemente ascenderán ante toda la presencia angélica y la paz que tiene la persona y sólo en casos extremos de gran angustia o en lugares con una gran densidad, podrán sentir presencias de difuntos.

Lugares muy densos

En lugares muy densos, como ciudades sobre planicies, con baja altitud y con mucha densidad etérica, es normal ver muchos fallecidos, atascados, quietos y esperando.

En estos casos los niños suelen describirlos como si estuviesen en filas, o en las puertas esperando, ciegos y silenciosos.

Para limpiar estos lugares es bueno participar en grupo y que no haya niños en estas sanaciones.

Otros lugares con gran densidad son aquellos donde ha habido repetidos asesinatos o muertes en masas. En algunos templos antiguos o antiguos campos de batallas. Según la vida haya cambiado o los trabajos de limpieza que se hayan realizado, puede sanarse ese lugar o no, pero es muy normal que los niños más espirituales se pongan excesivamente nerviosos en antiguos templos o lugares arqueológicos turísticos donde antiguas civilizaciones acabaron en decadencia.

  Fallecidos en sueños

Cuando los fallecidos se encuentran en los sueños, claramente están pidiendo ayuda. Se puede tratar de un ente que se enganchó a la persona y tras un tiempo a su lado pide liberación desde su ser celeste.

Rara vez se presenta el alma o ser celeste y pide a la persona que libere su parte más densa de un plano intermedio, pues esto no suele ser entendido, sin embargo sí se presenta con una fuerte densidad en el sueño para señalar que algo está ocurriendo, para pedir que actúe.

A raíz de un sueño con una entidad podemos hacer un trabajo de sanación con la familia del fallecido, un trabajo de sanación con el fallecido y tras esto, un trabajo de limpieza con la persona que ha tenido el sueño.

Cuando el fallecido que a aparecido en el sueño no parece realmente una persona que alguna vez vivió es probable que se trate de una entidad del bajo astral que se encuentra atrapada en el aura del soñante. Igual que antes realizamos una limpieza y revisamos el comportamiento personal, las actitudes y comportamientos que estamos teniendo para que una entidad se mantenga a nuestro lado y nos purificamos de todo aquello que nos ciegue el corazón o nos autoengañe.

Trabajar con niños que ven fallecidos

En un trabajo con niños o personas que ven fallecidos, lo principal es recordar a la persona a tener fe en el alma y el espíritu divino de todo lo que existe. Recordarles que todo tiene su sentido y que el fallecimiento no es eso que ven.

La muerte realmente es algo muy bello, es actualmente y en ciertas culturas que no sabemos en qué consiste la muerte, las personas tienen miedo, sienten ruptura, separación y olvido cuando hay amor, unión álmica.

Existen lugares y personas que mantienen enseñanzas de una muerte consciente, ágil. No es posible que de una cultura a otra haya una diferencia tan extrema, y es en el corazón, en la esencia del ser, donde debemos permanecer para encontrar sentido a lo que ocurre. Aquellas personas que prefieren mantener su mirada en lo efímero, es muy probable que se pierdan y no encuentren sentido a su realidad.

Un fallecido ya no es la misma persona que fue, es una parte de aquella persona, el alma, sutil y amorosa, rápidamente alza el vuelo hacia el hogar, pero las partes de la conciencia más densas y menos preparadas para morir, son las que se quedan ancladas entre planos.

A veces incluso, antes del verdadero fallecimiento, el alma ya alzó el vuelo, ya partió al hogar con la familia angélica de luz, y solo una parte pequeñísima de la conciencia y de uno mismo es la que se queda en tierra para vivir el final de la vida. No es necesario ni si quiera que se viva ese sufrimiento de la muerte pues muchas personas ni lo sienten.

Las películas, las novelas y la historia, ha cambiado el significado de la realidad, y no es el dolor o el sufrimiento lo que hace que una muerte sea dura o difícil, sino la emoción personal de aquel momento.

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