Niños videntes y clarividentes

Características

La capacidad de visión no puede ser medida en base al color del aura o la capacidad psíquica de la persona. Todos podemos desarrollar la videncia o clarividencia, solo es cuestión de apertura mental y trabajo interior.

Existen dos tipos básicos de videncia o clarividencia:

La primera es una visión desde el tercer ojo. Esta capacidad se desarrolla desde muy antiguamente en la mayoría de las escuelas esotéricas del planeta. Está basada en el conocimiento de planos sutiles y el descubrimiento del astral y el plano mental. Es una visión limitada pues solo nos muestra aquello que desde estos planos podemos alcanzar a ver o imaginar. Las personas con este tipo de visión con facilidad son médium, canalizadores o telépatas.

El segundo tipo de videncia está basada en la visión desde el corazón. La mayoría de los niños nacen con una gran energía amorosa y logran ver a través del corazón y no desde la mente. La visión desde el corazón es capaz de diferenciar todo, no hay límites, no hay planos ni divisiones, ni mentiras posibles. El corazón es constante y ante él, nada se puede ocultar. Esta visión se trabaja desde el silencio interior, desde la paz y el amor incondicional.

La llegada de niños videntes

Al igual que otras capacidades, la apertura mental hacia todo lo que puede ser, hace posible la visión de reinos, planos o seres de otras dimensiones. Se trata de una apertura natural a lo que es que coincide con la caída de los velos que los padres y las personas que trabajan en la Tierra están sintiendo.

Los niños videntes nos muestran posibilidades, algunas reales y otras no, se trata de planos donde todo es posible, pero hay que estar alerta pues la visión a otros planos puede conducir a la pérdida del sentido en la vida cotidiana. Coexistimos entre planos, algunos de ellos están en equilibrio, otros no se reconocen apenas, otros trabajan en común acuerdo, simplemente tenemos que aprender a formar parte del todo, no intentar apartarnos de nuestra realidad y comprender que existen otras muchas que nos alimentan algunas, nos apartan de nuestro centro otras, todo depende del equilibrio en nosotros mismos.

Trabajar con niños videntes

Los niños videntes necesitan un entorno de paz, de luz, donde no falte un altar de luz, a ser posibles cuarzos y mucha mucha armonía.

Cuando los adultos entramos en pasiones y emociones densas como discusiones o enamoramientos completamente pasionales, atraemos entidades que juegan un papel de absorción de energía, entidades visibles para estos niños. Los videntes son capaces de percibir claramente estas entidades y logran entrar en estados de pánico.

Muchos niños videntes se despiertan con el miedo de que “quieren robarles su energía” o quieren hacerles daño. Otros con el susto de haber visto entidades muy desagradables, fallecidos pidiéndoles ayuda o incluso niños atrapados en submundos. Todo lo que puedan ver no se trata más que de aquellas entidades que los adultos de su alrededor están atrayendo con su comportamiento y sus emociones en el día a día. No es verdad que les vayan a robar tal y como ellos lo dicen, ni que lo que vean son fallecidos, en muchos casos simplemente son otras entidades o egregores disfrazados, sino que son aquellas entidades atraídas por los enojos de los adultos, por sus miedos o depresiones, que ven la capacidad del niño e intentan llamarle la atención. En casos extremos, sí existen niños que han de superar el miedo, pero en la mayoría de los casos se trata de entidades atraídas por el entorno del niño.

Por ello es indispensable analizar el entorno, analizar el comportamiento real y los sentimientos de los allegados, con sinceridad y descubriendo los matices. Un buen ejercicio es trabajar con los adultos que rodean al niño y pedirles que hagan una breve meditación, de cinco minutos como mucho, e intenten el silencio interior, intenten acallar todos los pensamientos, pero que sean sinceros. ¿Qué pensamientos están escuchando?, ¿cuáles no logran callar?, ¿sienten alguna entidad presionándoles a abandonar el ejercicio? ¿sienten algún rencor o algún pensamiento negativo hacia el niño que no logran escuchar normalmente?

Estos pensamientos son atraídos de las entidades que rodean esos vicios emocionales, esas adiciones que todos tenemos, y claramente nos señalan aquello que no es correcto. Realizar este trabajo y aceptar los resultados puede ayudar en gran medida al niño y a su familia.

El convivir con un niño vidente no es fácil, sobre todo pues el mismo niño no sabe exactamente qué es aquello que ve real y qué es irreal, y posiblemente en toda su infancia no logre diferenciarlo apenas. Enseñar a discernir es de vital importancia.

Lo real no es aquello que “concuerda” con el pensamiento, ni lo que nos hace “vibrar” pues esa vibración puede ser provocada por una entidad emocional, lo real es aquello que, cuando viajamos a nuestro corazón, lo encontramos tal cual, aquello que sentimos desde nuestro Ser, no como una vibración densa, o como un torrente emocional, sino con la certeza del alma.

Un niño difícilmente puede diferenciar esta realidad de la ilusión pues su cuerpo emocional se está formando y no logra entender la diferencia entre los pensamientos, las emociones y los sentimientos, pero se le puede mostrar el camino hacia el alma, el camino hacia la felicidad plena de su ser, el trabajo en la sonrisa del alma, en la alegría plena, y desde ahí, desde este sentimiento de sentirse completo, aprender a observar el mundo, en paz, en completa calma, y descubrirlo. Entonces comprenderá que la verdad nunca estuvo oculta, que es más, siempre supo con certeza lo que estaba ocurriendo. No habrá lucha por saber más, no habrá desilusión ni falsedad en esta visión, pues es una visión desde la plenitud del uno mismo, desde la consciencia.

Trabajar con un niño vidente está basado en el descubrimiento del otro mundo, el mundo “real”. Descubrir las mariposas, las hadas, las flores, la semilla de luz en cada planta, la aureola en la cabeza de las personas, las manos de luz, las manos de un sanador, descubrir las naves, los ángeles, las estrellas tras las estrellas y el cielo verdadero, dibujarlo, explicarlo y comprender aquello que somos, nuestra esencia. Existen miles de posibilidades en este descubrimiento, negarlo, trabajar en la negación o en el apartar de la mente cualquier intento de comprender el mundo más allá de lo que aparentemente el mundo es, no hace más que funcionar como un rechazo constante del niño hacia lo que por naturaleza es. En el trabajo con otros niños o en grupo es importante que no se fomente en exceso la visión, que se trabaje otras áreas, como la sensibilidad, la comunicación con los otros seres como las plantas, las aves o las piedras incluso, también el trabajo en otros idiomas o el recordar vidas pasadas y sanarlas. Esto ayuda a un vidente a descubrir que existen muchas formas de ver el mundo y no todas son imágenes o son comprensibles para la mente.

Niños clarividentes (aprendieron a través de un método, pero han despertado la visión igualmente):

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