Parásitos y entidades astrales

Los parásitos astrales son formas de energía densas que se alimentan de pensamientos inconsciente, básicamente de ruido mental. Cuando los pensamientos adquieren más fuerza, lo que significa que están asociados a emociones, estos generan más materia etérica y astral que la persona no puede canalizar, ni nutrirse de ella, y los parásitos se alimentan de ella.

Es falso creer que estos parásitos sólo se nutren de emociones negativas, pues también pueden alimentarse de la emoción generada con la adrenalina, como con el exceso de deporte, los enamoramientos y pasiones, la sensación de éxito… Básicamente todo aquello que pensamos genera energía, energías etéricas, astrales o sutiles, energía que es alimento. Cuando las personas piensan sin control, cuando los pensamientos son atolondrados, inconsciente, y sobre todo cuando están cargados de emoción, entonces tienen más energía etérica y astral.

El ruido mental atrae gran cantidad de parásitos astrales, y la persona que genera mucho ruido mental, o que vive en un diálogo interno, tiende a acostumbrarse a los parásitos.

El parásito, cargado con toda esa inconsciencia, con todos los pensamientos “absorbidos” y la emoción que conllevan esos pensamientos, se puede alojar en el mismo cuerpo de la persona sin que esta la identifique como algo ajeno a ella. La repetición de dichos pensamientos y emociones, hace que cada día le resulte más familiar, y que cada día profundice más en esa conexión con el parásito, hasta que se genera un tipo de simbiosis.

En dicha simbiosis, uno genera los pensamientos cargados de emociones, el otro, como eco, los repite generando el diálogo interno, la persona escucha los pensamientos identificándolos e identificándose con ellos, los repite y se emociona retroalimentándose emocionalmente, estos pensamientos cargados de emoción generan energía, luego el parásito se nutre de esa energía y crece. La persona se siente más vacía cuando el parásito se aleja, siente que le falta algo, que le falta su “dosis” emocional o su amigo interior.

Cuando más crece el parásito, más fuerte es la relación, más claro es el diálogo, más intensa es la emoción. Poco a poco este parásito se hace más llamativo y poderoso, pudiendo convertirse en una entidad astral o etérica, e incluso algunas de estas entidades, actúan en grupo.

El parásito astral, la entidad y los egrégores, son cosas muy diferentes, pero por ahora, vamos a intentar entenderlos de la misma manera, para poder comprenderlos mejor.

En las personas con capacidad clarividente, el parásito astral con sus emociones, y la entidad con un tipo de consciencia más definida, o el egregor, puede identificarse como ángel, guía, protector o incluso la propia alma. Entonces la persona se conecta con más fuerza con esta forma densa energética. Puede creer que es un aspecto de su alma, su niño interior herido, su alma gemela que la escucha en la distancia, o algún ángel que le habla interiormente. En la emoción y sentir generado en esa conexión, hay más energía, más ruido mental, más diálogo, más inconsciencia y más simbiosis con la entidad.

Dónde se alojan estos parásitos o su forma, es muy relativo, depende de las formas mentales abstraptas y simbólicas inconscientes de la persona que ha creado y alimentado a dicho parásito. Los mismos parásitos y entidades pueden cambiar de forma y disfrazarse pareciendo cosas completamente diferentes de lo que son. Aun así, la mayoría de las culturas dibuja estos parásitos como serpientes o culebras. Algunas son dibujadas con la boca en el mismo rostro de la persona, generando una especie de “máscara”, que señala una personalidad con pensamientos completamente duales e irracionales.

Muchas personas generan una simbiosis tan fuerte con algún parásito o alguna entidad, que apenas puede distinguirse cuáles son sus pensamientos y cuáles son de la entidad. La entidad habla por ellos, responde por ellos, reacciona por ellos, y sin poner ningún tipo de oposición dejan su cuerpo como vacío dejándose llevar por todos los pensamientos y emociones que han tenido. Cuando a esa persona le haces una pregunta, ella mira hacia, como dentro esperando que una voz interior que le responda, espera que el pensamiento se genere solo, pues está acostumbrada a que los pensamientos se generan de la nada. Luego a estas personas les cuesta recordar lo que ocurrió, lo que vivieron, sólo recuerdan la emoción que sintieron y recrean una fantasía que sólo vivieron en su mundo interior, pues todo lo demás, no lo vivieron ellos, no lo eligieron, fue la entidad quien vivió a través de ellos, están acostumbrados a apagar la conciencia y el pensamiento consciente, tal cuál se apaga la luz en una habitación.

La misma entidad generará cualquier emoción conflictiva o intensa para seguir conectada a la persona que le entrega energía. Se justificará al escuchar lo que ocurrió, se sentirá sumida en sentimientos de crisis emocional, o se enamorará profundamente y se recreará en las pasiones sexuales. Cualquier cosa para seguir alimentándose. Mientras, la persona apaga su capacidad de actuar, de decidir, de pensar, de hablar, de razonar, de sentirse libre. Víctima de sus pensamientos y emociones, no logra observarlos con calma ni claridad.

En los extremos, una persona puede tirar cosas, gritar, golpear, y luego, al día siguiente o el mismo día, no recordar nada de lo que hizo, no tener idea de qué pasó. Otra persona puede verse así misma tomando decisiones y actuándo sin poder deternerse, hablando y actuándo sin poder hacer nada. Puede verse cómo no es capaz de parar sus gestos, sus movimientos y sus palabras. Pareciera que esta en “piloto automático”, y no sabe que es una entidad a la que ha dado tanto permiso a lo largo del tiempo, que actúa, piensa y habla por ella.

Cuando un parásito no obtiene el alimento, antes de disolverse en el vacío, busca otros cuerpos o personas que generen emociones y pensamientos similares para poder seguir creciendo. Cuando no obtienen su alimento se van debilitando, pero algunas entidades pueden tardar años o incluso décadas en disolverse de tanta energía que almacenaron.

En el budismo tibetano, ciertas entidades que tienen siglos, al ser vencidas en una batalla astral, son obligadas por el monje que las venció a obedecerles, y se convierten en protectores del dharma. El monje cada cierto tiempo realiza unas prácticas para asegurarse de que la entidad continúe siendo obediente, y antes de fallecer, enseña dichas prácticas a sus discípulos. Pero estas entidades pueden haber sido antiguos reyes o guerreros, cargados de odio, rabia, rencor, que durante siglos han alimentado toda esa negatividad.

También se suelen utilizar a ciertas entidades, al igual que los buitres que comen carroña, para remover energías densas y pesadas que atraen entidades y parásitos continuamente. Con ciertos rituales, los monjes van a cementerios o lugares donde ocurrieron cosas muy desagradables, e invitan a entidades y parásitos astrales muy específicos y densos para que se alimenten de todo ese dolor que allí se generó, luego les invitan a irse lejos y que dejen tranquilos a los que viven en ese lugar. Tras esto purifican el lugar con unas oraciones y meditaciones, generando paz y espaciosidad, transformando energéticamente el lugar.

Algunas entidades astrales crecen en grupo en una familia, generando un mismo tipo de diálogo interior, emoción, conflicto o incluso enfermedad para varios miembros de la familia. Este tipo de entidades son más difíciles de apartar, y muchas veces la persona se cambia de nombre, o de apellido, o incluso de casa, para no ser encontrada por la entidad. Esa entidad busca a determinados miembros, con un apellido, con un nombre, a los de un sexo determinado, a los que nacieron en un orden específico entre los hermanos… Los rituales para apartar estas entidades consisten en despistarlas y dejar que se pierdan y se disuelvan ellas solas.

Otros parásitos astrales crecen obligando a la persona a “absorber” energía a otras personas. Estas personas se tornan dependientes, víctimas, agotadas y agotadoras, pasivo agresivos y con muchas inseguridades. Su ruido mental les lleva a estados depresivos o ansiosos, donde creen que su bienestar, calma y equilibrio depende de las personas del alrededor, o que su sufrimiento ha sido causado por su alrededor. Entonces los parásitos, utilizando a la persona en la que están alojados como medio, absorben la energía de terceros en relaciones tóxicas y dependientes. Cuando la persona que han utilizado como mediador para absorver la energía durante años fallece o desaparece, saltan a otra persona para seguir absorviendo energía a terceros. Cuando la persona atrapada en una simbiosis con este tipo de entidades convive con alguna persona más fuerte o segura de si misma, si no es capaz de robarle energía, se sentirá en una crisis emocional cada día más profunda, acaparará la atención hacia su dolor y se sentirá cada día más débil, insegura, con más dolor y más dependiente. La entidad, sin poder alimentarse de terceros, apartará a la persona rápidamente de la relación, hasta que encuentre dónde o de quién poder absorver energía.

Las entidades podrán ser colectivas o individuales, podrán estar relacionadas con un lugar o con un momento determinado, incluso con un apellido o con una enfermedad. Pueden afectar sólo a los hombres de una familia, o a las mujeres, pueden afectar a todos los que tienen un nombre determinado o a una planta de un edificio, a los que han nacido segundos hijos, o cuartos. Pueden afectar en un momento de la vida determinado, o un día señalado en el calendario. Hay situaciones, emociones, pensamientos, memorias, que les atraen con fuerza.

Hay entidades y parásitos en el tráfico denso de las ciudades, en el metro, en los conflictos, en las guerras, en los lugares donde hay muchas relaciones sexuales, en los centros de trabajo, en las casas, en los colegios, en los hospitales… Las personas que llegan nuevas a lugares donde hay un determinado tipo de entidades, en segida pueden percibir esa energía cargada de pensamientos y emociones, pueden sentir una tendencia a esa emoción y dejarse embullir por el ambiente energético, o mantenerse al margen observando su estado mental y manteniendo la calma y la consciencia clara. Así hay personas que entran en una funeraria y lloran desesperadamente sin saber por qué, otras entran en una zona de una carretera determinada y comienzan a gritar y discutir sin razón, pueden pasar por una calle y tener la necesidad de llamar a un familiar sin saber por qué, otras les cuesta mucho entrar en hospitales y otras sienten que se quedan sin fuerza cuando entran en un centro comercial… Esos lugares quedan cargados de parásitos astrales que, sin dueño, o liberados al encontrar un lugar con más emociones y densidad, o simplemente perdidos al haberse desubicado en un cruce de caminos, buscan seguir absorviendo energía mental inconsciente de la gente que por allí pasa.

Los parásitos y entidades astrales huyen del silencio interior. La única solución a este tipo de energías es el silencio interior. Los rezos, aunque pueden tener cierto resultado, no serán determinantes para disolverlos. Es la paz y la claridad, la mente despierta y consciente la que transformará el lugar y lo limpiará completamente. La plena consciencia de nuestros movimientos, de nuestra respiración, y de nuestros pensamientos.

Muchas personas sugieren que son incapaces de parar su mente, que su cabeza tiene un continuo ruido mental. Entonces es momento de simplificar y callar, comprender lo que ocurre y aprender a silenciar la mente. Es preciso dejar de alimentar dichos pensamientos y dejar de “responder” a ellos, comprendiendo que la respuesta y el dialogo están generando mayor ruido.

Cuando una persona que se ha visto identificada con este tipo de situaciones años, por fin comprende lo que ocurre, se puede sentir escandalizada, horrorizada, asustada, pero es momento para que comprenda que ese temor parte de la certeza de la falta de control sobre la propia mente, tal vez no se crea en entidades, ni en sombras, ni en el plano astral, pero si hay un temor por lo que se puede generar al no tener el control sobre los propios pensamientos, acciones o actitudes.

La primera prueba en el camino espiritual tiene que ver con la carencia de deseos, el discernimiento y con el silencio. Es el encuentro de la paz interior.

Esta prueba puede llevar años, o toda una vida.

Se trata de dejar de alimentar aquello que no nos pertenece, y de ser más consciente de lo que alimentamos con nuestros pensamientos y acciones. Se trata de dejar de generar ruido, energía inconsciente, basura mental, y enfocarse en generar consciencia, claridad, silencio.

Algunas personas, cuando comienzan el trabajo interior y van disolviendo las entidades día a día, se sienten agotadas, necesitan descansar del silencio, o sienten que sólo lo pueden estar en silencio durante unos minutos al día. No quieren estar conscientes, les molesta, les afecta estar alerta, y les molesta la paz. Pudiera entenderse como que las entidades y parásitos mentales han estado demasiado tiempo rondándoles. Se sienten mal cuando no están esas energías, y evitan sacarlas. Se han acostumbrado tanto a tener ruido mental, inconsciencia y malestar, dependencia, adicción y temor, que cuando esta emoción desaparece, la hechan de menos. La entidad o el parásito se convirtió en un fiel amigo. El parásito se ha convertido en un fiel amigo que les escuchó, les acompañó, su energía densa les resulta familiar, y su presencia les hace sentirse seguros, acompañados, guiados.

Otras personas se conforman en el camino interior con estar bien, con sentirse bien, tranquilos, tener pensamientos alegres, dichosos. Esta tendencia no es buena, pues tarde o temprano, los pensamientos serán negativos o conflictivos, igual que antes. No importa tanto si los pensamientos son buenos o malos, importa que sean conscientes, claros, precisos. Imagina una persona que camina por la vida con torpeza, sin comprender lo que hace con las manos, los pies, sin saber si está gritando o está en silencio. Su cuerpo como una peónza gira sin parar, o se detiene durante horas sin poder hacer nada con él. Mucha gente es así con su mente, dedica gran parte de su vida en tener el cuerpo perfecto, pero olvida tener la mente bien, la mente va y viene sin razón, piensa sin pensar, habla sin saber, no escucha, no aprende, envenena y cambia sin ton ni son. Hoy en día hay mucha gente trabajando el cuerpo y olvidando el intelecto, la observación, la escucha consciente, el equilibrio mental.

El trabajo de la calma mental es clave en el camino interior y los resultados nos acompañarán toda la vida. Pero también es una práctica que nunca finaliza, pues cuando logramos dicha calma, dicha consciencia, nuestra energía mental, la energía generada a través de los pensamientos tiene mucha más fuerza, y por lo tanto es más atractiva y “golosa” para estos parásitos astrales.

Para las personas que se interesen en el camino interior, las puertas y superación de las pruebas astrales es clave en el desarrollo interior. Superar las adversidades de las sombras y entidades distintas, dejar de alimentar los íncubos y súcubos, vivir sin sombras ni parásitos, alimentar únicamente la paz y el silencio que permitirá que el corazón se abra ilimitada y plénamente.

Estas pruebas configurarán la visión, el estado emocional, la autoconfianza, el guerrero interior, la entereza y la templanza.

La mente debe tener enfoque, claridad y luminosidad. Para ello ha de estar en silencio. Aprender a escuchar el silencio.

Las pesadillas son una forma de descubrir dichos parásitos y entidades y superar los temores ocultos y sombras de la propia mente.

También el tipo de pensamientos que tenemos durante el día, o los dolores físicos en el cuerpo, como el agotamiento, los dolores de cabeza, problemas en la digestión… Los pensamientos inconscientes, las melodías rondando en la cabeza, la sensación de que hemos olvidado algo, o la incapacidad para concentrarnos. A través de las adicciones y de todos los comportamientos, pensamientos, expresiones que hacemos sin poder controlarlos también podemos descubrir si hay parástios o entidades.

Cuando ya estamos muy habituados a una entidad astral o un parásito astral, es bueno hacer un trabajo para quitar dicha entidad. En estos casos, si por ejemplo a lo largo de un retiro o un trabajo espiritual, la entidad o el parásito se aleja de nosotros, al no haber realizado conscientemente esa labor, es probable que retorne a nuestro lado en un momento que estemos más inconscientes o dormidos. A veces pasados los meses o los años. Este tipo en que la entidad o el parásito se alejó de nosotros, nos puede servir para interiorizar y comprender cuál es nuestro punto de equilibrio, el estado natural de nuestra mente. Es un tiempo en que miramos nuestra mente, y descubrimos la calma. En que nos sentimos más enfocados, fuertes, confiados. En que nuestras emociones no nos perjudican, más bien al contrario, nos ayudan en la vida. Durante ese tipo, ya sea que lo estemos viviendo o lo hayamos vivido, podemos comprender que hay un problema al que tendemos, un tipo de pensamiento, emoción, que atrae y alimenta energías con las que hemos generado algún tipo de simbiosis que debemos superar.

El trabajo para eliminar dicho diálogo y conexión dependería en gran medida de la entidad o el parásito y cuánto tiempo haya estado con nosotros. También si se trata de una entidad individual o grupal, por ejemplo un tipo de parásito que se nutra de emociones y dolores inconscientes de la familia o del trabajo, también deberíamos entender cuánto tiempo lleva con nosotros y qué nos proporciona. Tal vez baja autoestima, dependencia, adicción, temor, angustia, inseguridad. Esa entidad nos regala algún tipo de emoción que fortalece dicha conexión y es bueno comprender esto.

De nada sirve culpar a las entidades o a los pensamientos negativos, es interesante observarlo como un parásito que se alimentó de nosotros, pero también nosotros lo hemos permitido.

Los trabajos para eliminar dichos parásitos surgen de la claridad y consciencia de lo que ocurre. Es la inconsciencia la que genera esa conexión, es la consciencia la que rompe con esa conexión.

Cuando realicemos el trabajo para liberarnos de la entidad o del parásito, sentiremos casi al instante el cambio en nuestro interior. En algunos casos sentiremos cómo se alejan de nuestro lado, en otros cómo se disuelven. Podremos notar la mente enfocada, la experiencia de vida más clara y nítida, nuestro corazón más abierto… Aun así nuestra mente tiene una tendencia a repetir, a mecanizar. Es muy probable que aunque nos hayamos librado de una entidad un parásito, no hayamos resuelto el problema. Tarde o temprano nuestra mente, totalmente habituada a esos pensamientos y emociones, los repetirá de manera inconsciente, generando gran cantidad de energía que actuará como una luz, una llamada de atención en otros planos, entonces la misma entidad, u otra, aparecerá beneficiándose de nuestra inconsciencia.

El trabajo, sea cual sea, debe ir de la mano de un cambio de conducta. Nuestra mente tiene una estructura cerrada que ha de cambiar. Pero también los hábitos, juicios y pensamientos que generan esa estructura. Comprender lo que alimentamos o nutrimos inconscientemente no es agradable, comprender cuánta energía perdemos en pensamientos que no conducen a nada más que generar sufrimiento, dependencia, dolor, deseos, no es nada fácil. Una vez que lo hemos comprendido, podemos cambiar la estructura mental, apoyándonos en los momentos positivos y las claves que nos ayudaron a estar bien.

Publicaciones Similares

Un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.