Transparencia

Para desarrollar la visión clara es imprescindible trabajar la transparencia.

Todo lo que crees ser, no eres tú. Tus creencias y arquetipos definen una forma de ti mismo que no es más que una ilusión.

Cuando nos apoyamos en el silencio puro, en la conciencia pura, somos libres y permanecemos en el Ahora. De manera natural surge un estado transparente, inocente y lúcido al mismo tiempo.

Desarrollar la transparencia consiste en ser honesto y humilde a la vez. Es un trabajo para toda la vida regresando una y otra vez a la honestidad y la humildad. A la coherencia y la sencillez.

Ejercicios para la transparencia

Un día contempla un espacio natural: un río, el cielo, una montaña… y por un momento, permite que la vida te mire a ti. Contempla como te está observando lo que te rodea a ti.

Desarrolla la espontaneidad y la naturalidad. Apártate de la vergüenza y el victimismo, son formas del ego. Recuerda que una mente libre, sin cadenas, no tiene forma, es espontánea, vive cada momento como único, se emociona, ama, no se avergüenza de sí misma, no se siente observada, no busca reconocimiento ni fama. Una mente libre ve y vive la realidad tal cual se muestra.

  • Reconocer en el otro todo lo que hay por sanar en nosotros mismos.

En este ejercicio no sólo tomamos conciencia de las sincronicidades de la vida, sino que sobre todo, anotamos en una libreta cada uno de los consejos que entregamos a otros, o cada una de las cosas que juzgamos en otros, y nos los aplicamos a nosotros mismos. Consiste en dejar de poner el centro en el problema ajeno y descubrir al otro como el maestro que nos guía y nos enseña a amarnos y a reconocernos.

En algunos casos, de una forma insustancial se tergibersa esta enseñanza señalando que todo lo que vemos fuera lo tenemos dentro, pero no profundizamos en que la otra persona es nuestro maestro, tal vez no para ver uno u otro error, sino para aprender a amarnos como somos, en cada momento.

  • Cuando estemos en momentos de tensión, enojo, estrés, aprovechamos y activamos las 3 semillas

Aprovechamos los momentos de mayor tensión y desequilibrio para integrar los conocimientos básicos: silencio, conciencia y espacio.

  • La ayuda que muchas veces entregamos no surge de una total empatía o de la sabiduría, por ello antes de avanzar en el trabajo de ayuda, cuando queramos dar un consejo a otra persona, observamos primero: ¿en qué situaciones hemos vivido lo mismo? ¿cómo fue? ¿cómo nos alteró la vivencia y cómo nos sentíamos cuando vivimos aquello? En un segundo paso nos preguntamos: ¿desde dónde tengo necesidad de dar algún consejo?  ¿qué parte de mi se enriquece o engrandece? ¿es útil para mí y para la otra persona en este momento y en estas circunstancias el consejo?

El trabajo consiste en separarnos de ser terapeuta o guía y situarnos en el papel de hermano. Tampoco ser tan necios como para comparar la experiencia ajena con la propia. Vamos a ser más inteligentes de caer en el error de creer que “hemos vivido lo mismo”, o “somo iguales”. Cada experiencia es única y cada persona es única. Cada matiz personal genera el gran mandala de la vida y de la unidad. Intentar teñir a todas las personas con las mismas experiencias, saberes y conocimientos que nosotros tenemos, es menospreciar su propia sabiduría, su propio camino, y sobre todo, apartarnos del amor.

  • Realizamos un trabajo constante de compasión.

Cada día recordar trabajar desde la compasión y el amor. No desarrollar una energía consciente de amor ilusoria y aparente donde creemos que el amor se envía, se recoge o se entrega, el amor Es, sólo lo dejamos ser. Intentamos sobre manera vivir el amor con plena conciencia hacia todos los seres por igual. Admirando sus logros, deseando su felicidad, integrando el amor en nuestras vidas paa que sea el eje impulsor de cada acción.

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